Capítulo 2º: Segundo asalto al Trail Valle de Samuño…

Más de un año hace ya de aquel 11-S de 2016 en el que cumplí 100 carreras. 100 batallas, 1.000 momentos de gran sufrimiento y 10.000 momentos de disfrutar lo que estás haciendo. Fue un gran día para el recuerdo, I Trail Valle de Samuño… más de 4 horas de carrera en un recorrido en el que incluso atravesamos la galería de una mina, recorrido que hice entero con mi capitán, y sobre todo, más que capitán, mi compañero Luis Alberto. ¿Qué podría haber hecho menos tiempo? Pues sí, bastante menos. Pero simplemente me apetecía que mi entrada en meta de un día tan especial fuera acompañado de éste fenómeno. No me haría más feliz llegar 15 o 20 minutos antes. Quise disfrutarlo, con él y con todos los que me esperaban en meta con mis carbayones con las velas 1-0-0 listas para ser apagadas. Encabezados por mi padres, allí estaban, Sonia, por supuesto, los dos Álex, Marta, Gonzalo, Iván, Javi (bendita paciencia…), Natalia y Lucía, que no iban a verme a mí, pero que se sumaron a la celebración…, todos ellos me alegraron como pocas veces. Faltaba alguna persona… sobre todo una… pero pa las 200 le obligaré a estar (Bambi sabe perfectamente de quién hablo…).

 

Éste pasado 10-S ya no era lo mismo. II Trail Valle de Samuño. A carreras como estas, merece la pena ir siempre, aún sin estar en forma. Cumplía 137 carreras, pero como no es un número redondo no llama… yo estaba en mucha peor forma que el año pasado; Luis, infinitamente mejor (imposible totalmente seguirte…)… y solamente mis padres se acercaron a verme llegar. Al pie del cañón. Esperando horas a que el niño se divierta. Son cosas que se valoran mucho!!!

 

Y llego a La Nueva antes de las 8:30 de la mañana (la carrera comienza a las 9:00)… y comienza el carnaval. Bien, hay tiempo de sobra ho… pero bah, parez que no encuentro pa aparcar. Ahí va un poco justo, queda el culo fuera… ahí ahí ahí… ah no… que hay una portilla, nada… ahí tengo que subilu pa la cera… na… tampoco… coño! Ya crucé el pueblo!!! Veo a uno de los voluntarios y me dice que suba un camino más cuesto que una escalera a oscuras, y llego a un campo de futbol. Yo y otros 3 coches. Los tontos del día. Veo un mechero en el suelo… es el que Cristo perdió el día que casualmente pasó por allí. Ahora sí que voy pillao de tiempo. Na, aviso a Luis, bajo todo ya, la ropa pa luego cambiarme y todo y lo dejo en su furgoneta… pero oh, sorpresa, quién se lo podía esperar!!! No hay cobertura!!! Pues na… bajaré con todo arrastro, a ver si recojo el dorsal y de paso veo a Luis…

 

Recojo el dorsal (no llevé el carnet de la licencia de la Fempa, encima…), y no veo a Luis. 9 menos 10 y yo que parezco un vendedor ambulante, cubierto de mochilas y trapos. Pues nada, pal coche. Venga a subir esa cuesta con el corazón saliéndose por la boca… yo y mi manía de no dejarlo mal aparcado bajo ningún concepto… A menos 5 aprox llego al coche… y estoy sin preparar… me despeloto allí en medio, cojo lo que puedo, ni esparadrapo, ni vaselina ni historias, hoy a pelo! Si ya sudo, joder, que stress! Bajo zumbando pal pueblo, poniéndome el dorsal y bajando escalones de 3 en 3 en un caminín que encontré. Oigo por megafonía decir… QUEDAN 2 MINUTOSSSS!!!

Veo que voy a llegar, muy justo, pero voy a llegar. Veo a Natalia, Lucía y Pedro Heres, que me dicen que a qué coño me dedico. Esto ye así, ya me conocéis. Si no ye una cosa ye otra. El caso ye dar espectáculo. Quedaba menos de 1 minuto cuando pasé por debajo del plástico que delimitaba la zona de salida. Que sudada. Estoy más sudao yo de lo que muchos van a estar cuando lleguen a meta. Echo un vistazo y no veo a Luis. Y comienza la cuenta atrás. Al igual que el año pasado se oye un CLANC CLANC CLANC… CLANC CLANC CLANC… “ésti ye el ruiu que fai la jaula bajando a la mina”, dice el speaker… y… al lío!!!

 

Salgo adelantando gente a ver si veo a Luis, y de repente escucho detrás de mí un “¡¡¡AgUUUUSSssss!!!”. Voz inconfundible, ahí está el capitán, aunque no le veo. Un repecho, y en el segundo se forma el atasco y le veo. Le espero y me dice “no te veía… pensaba que igual no habías venido, como ayer de noche estabas en el Oktoberfest en la Corredoria… igual te habías liao o algo…”

 

De repente, se hizo el silencio y la oscuridad se cernió sobre nuestras cabezas…. “Pero… ¿cómo te atreves? Antes que perderme una carrera, sea cuál sea, y más una como esta, sabes que vengo de doblete! Semejante ofensa hacia mi persona no quedará impune!! No cuentes con mi felicitación de Navidad…”

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Foto de MV Foto. Uno de los pocos momentos en los que fuimos juntos…

Seguimos un rato juntos, pero ya en los tramos fáciles veo que va a ser imposible, así que ni lo intento. Además, me encuentro mal mal… me quedo cortado y me adelanta gente que, a priori, no debería. A mí esto de salir casi a pinchu pa arriba ya… en pocos km ya ni veo a Luis. Y sudo, y me duelen las piernas, y los bastones de dios, no sé dónde meterlos ya… el llegar a la salida con tanta tensión me está fastidiando ahora. No tengo ganas de correr ni de nada. Y vaya barrizal… con lo que a mí me gusta el barro, pero cuando vas mal, no avanzas nada… y llegamos a la subida donde el año pasado ya fue donde peor lo pasé. Km 5 aprox. Todo segao, pero de frente, prao arriba, sin camino y sin nada. Sufro mucho, ni con los bastones puedo, aunque me animo al menos ver que gente resbala y no avanza nada por culpa del barro. Eso, yo, al menos, lo tengo controlado. Aquí, una vez más, veo aparecer el bautizado por mí mismo como el efecto “coche fantástico”, efecto que solo nos ocurre a los que llevamos gorra (si alguien tiene curiosidad, que pregunte y le explico lo que es). Y qué hambre, no desayuné nada de nada, con tanta prisa… pero ahí está el avituallamiento del km 6 y pico. Quedan subidas muy bestias, como el renombrado “Repechón”, pero no hay que pensar en ello, o estás muerto. Hay que ir “partido a partido”.

 

Como dos trozos de sandía (como siempre digo, sin sandía las carreras serían otra cosa…) y 3 gominolas, y bebo tranquilamente. Nos juntamos un buen grupo allí, y veo que el camino sigue por una bajada no muy ancha, así que decido salir corriendo pronto, antes de que me taponen. Barro y ligero peligro. Algunos resbalones… pero saco los bastones, los cuáles nunca supe usar, e intento usarlos… y parece que a veces, son útiles. Adelanto a un par de corredores (corredora primero y corredor después) y voy cogiendo confianza y buenas sensaciones. La cosa empieza a cambiar, como siempre, según pasan los km. Me voy notando mejor, las piernas ya no duelen tanto y voy algo más suelto. Pero ojo, que el repechón el año pasado escoció de lo lindo.

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Foto de los organizadores. Zona espectacular

Sube, baja, sube, baja, sube, baja… me distraigo con un grupín de 3 “Xatos del Nalón” que llevan una conversación muy entretenida y que no paran de hacer el pijo… “esto ye casi llano”, “el repechón esi, ya no ye lo que era, qué hicieron con él?”… “esto pa hacer series…”… en las subidas se me iban y en las bajadas volvía a pegarme como una lapa. Como toda la vida de dios, hay cosas que nunca cambian. Y poco a poco, poco a poco… enfocamos el “Repechón”.

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Aarrrrrriba!!!

Desnivel brutal. Cada poco paradas para oxigenar, y haciendo casi más fuerza con los bastones que con las piernas, fui acercándome a la cima. Hubo un momento que hubo que soltar los bastones para agarrarse directamente con las manos. O eso o también pensé en dejarlo para hacer cumbre a la mañana siguiente…

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Foto de Carmen Martínez Valdés. A mitad del Repechón, dándolo todo

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Foto de Chechu Xosenel. Culminando el Repechón

Ya estamos casi arriba. Acompañado de un “Xatu del Nalón”, al que, cuando apenas quedaban 15 metros, la gente que había animando y sacando fotos le dijeron “Oye! Que tus compañeros estos últimos metros los sprintaron eh! No vas quedar tú mal!” Y vaya que no. ¡Casi avanzaba yo más trepando que él esprintando, pero lo hizo, hasta arriba! Con esa burrada solo, ya cumplió!

 

Acabamos de terminar el temible Repechón. Se me hizo muy corto, teniendo en cuenta el infierno del año pasado, sobre todo la parte final no me encaja. Para mí que lo han acortado, incluso al terminar seguimos en otra dirección… bueno, no lo voy a echar de menos, está claro.

 

Pero esto sigue. Quedan alrededor de 14 km. Ahora sí, ya debería empezar a encontrarme mejor, y poco a poco veo que así es. Al llegar el km 12,5, donde tenemos otro avituallamiento, ya estoy disfrutando. Llego con fuerza y con ganas. Como algo allí, fruta, relleno uno de mis botes y me lanzo por una bajada bastante larga. Bajada de las que me gustan y que aprovecho para recuperar las sensaciones perdidas tras el maldito esguince de hace unos meses. Comienzo un tramo de subida y me paro. A sacarme una piedra del pie y a “cambiar el líquido de frenos”… ya que se para… En ese momento un chavalque se llama Ignacio, con el que ya había ido un rato más atrás y a quien yo no conocía, llega a mi altura y continuamos juntos varios km, hablando y poniendo un ritmo cómodo para los dos. En los repechos se paraba a caminar justo un pelín antes de lo que lo haría yo, lo que quería decir que íbamos muy parejos de fuerzas. Nos empezamos a encontrar con gente parada con calambres, y yo cada vez me noto con más soltura. Tanto que unos pocos km después decidí tirar hacia delante solo. Cuando voy con alguien hablando y cómodamente ya suelo pasar de todo y tirar juntos hasta meta, pero hacía tiempo que no disfrutaba tanto, necesitaba forzar un poco. Así que tiré. Adelanté a otro chaval que no reconocí en el momento, y que me di cuenta de quién era cuando ya estábamos en la ducha. Y seguí bajando a todo lo que daba por esos caminos embarrados, utilizando los bastones como si llevara media vida haciéndolo.

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Pero aún nos queda la subida a Rondiz. Crecido como iba forcé subiendo aquel camino tan estrecho, hasta el punto de, ya llegando arriba, marcarme un “Van Damme” en toda regla, que hizo que estuviera doliéndome un rato la zona de la ingle. Clavo el bastón de la mano derecha en tierra, el pie izquierdo comienza a resbalar monte abajo (fuentes fiables dicen que se le viócruzar la calle principal de La Felguera) y me sujeto en el bastón con todas mis fuerzas. Éste se pliega hasta abajo dejando una separación de unos 10-12 metros aproximadamente entre mis dos pies. Ay, dolor!!!

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Yo, en el Picu Rondiz

Me levanto como puedo, compruebo que a pesar del dolor todo esté bien… y pa arriba, continuamos!Al poco veo un último repecho y un cartel “Avituallamiento 100 m.”. El último! Grabo un video con el paisaje (desde allí arriba puede verse, a los pies de la montaña, la zona de meta, donde ya hay movimiento. Ya hay gente allí, y a mí me quedarán aún tres cuartos de hora. Tan inútil como de costumbre). Nos juntamos en el avituallamiento solo dos o tres corredores, y pa abajo, al último tramo ya favorable. Muuuuucho barro, pero yo voy crecido, bajo cómodo y rápido, salto una piedra, un tronco, me deslizo unos centímetros por el barro antes de apoyar el otro pie, sin apenas perder velocidad… estoy volando, estoy volando, soy el animal más rápido sobre la faz de la tierra en éste momento, ouuuuuhyeah!, vuelo, ¡¡mira mamá!!, ¡¡estoy volando!!… ¡¡vuelo, vue…!! … ZRIIIISSSSSSSS…!!! (sonido de un pie que se va a vivir su vida mientras varias piedrecitas y barro le ayudan a deslizarse cómodamente) ZRASSSSSSS…!!! (sonido de un alcornoque cayendo de espaldas al suelo, tan largo como es).

 

El hostión de rigor. Últimamente no falla. Pero no pasa nada, ni un rasguño, caída limpia. Como me dijo el chaval de Esportate que llegaba detrás de mí “caída de las que solo duelen en el orgullo”. Y ni eso. Me levanté y seguí bajando como un kamikaze, confiado. Y llegamos a la zona final. Tramos con cuerdas para bajar, en los que, sin ellas,  ni un equilibrista del circo del sol sería capaz de mantener el equilibrio. Y lo que hace mucha gente es bajar directamente arrastro. Técnica segura y rápida.

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Foto de María. Cuidadín… no la liemos ahora…

Tardamos un buen rato, se monta tapón… pero en cuanto salimos de allí, me tiro por las últimas bajadas que sé que ya me llevan al túnel de la mina. Allí llego, con fuerza y con buenas sensaciones. Foto de rigor… y adentro!!!

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Foto de MV Foto. Y para terminar… 1 km bajo tierra!

Casi a oscuras, guiándonos por los raíles del suelo y por los corredores que se ven levemente moverse por delante, nos engulle la oscuridad. Adelanto a dos chavales, les animo, y casi me arrepiento de ir tan rápido, casi fundo antes de terminar, pero no… llegamos a la luz, y con ella, a las temidas escaleras finales.

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Foto de MV Foto. Galería del túnel. Se ve iluminada… pero nada más lejos de la realidad

184 escalones después de 23 km. por el monte. Pero compensa. El GPS hace rato que no tiene señal… subimos aquellas escaleras prácticamente de caracol sin saber cuánto nos queda, con un silencio total… de repente se empieza a escuchar un leve murmullo de fondo… el GPS pita… ha recuperado la señal, estamos cerca de la superficie… y se comienza a ver más claridad… y poco después… ahí está la puerta!!! Asomamos, y se escuchan los ánimos de la gente, aunque ya no sean necesarios, pues no quedan ni 100 metros. Por segundo año consecutivo, al primero que veo desde antes de cruzar la puerta es a mi padre. Como siempre digo, carrera a la que va, carrera en la que le veo el primero entre el grupo de conocidos. No sé, será casualidad, pero siempre pasa igual, hay algún magnetismo entre los dos oculto por ahí. A su lado, mi madre, Natalia y Lucía, y al otro lado del camino, Luis, que ha terminado hace casi 40 minutos. Qué bestia!!!

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Foto de MV Foto. Montando el numerito llegando a meta.

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Foto con los papás

Entro en meta, sandía, sandía y sandía, foto con el casco de la mina y el cartel de finisher, foto con mis padres,ver llegar a Sonia que ni siquiera sabía que corriá, ducha de agua fría pa quitar lo gordo, cervecina de rigor y a celebrarlo con la espicha que nos tenían preparada. Una vez más, de las mejores!

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Foto de los organizadores. Más suciu que un mineru!

 

CONCLUSIÓN:

Muy contento. Por ser capaz de terminar éste tipo de carreras sin entrenarlas y sin estar en forma. Pensaba que la distancia me iba a fundir, pero no, no se me hizo larga para nada. Y contentísimo sobre todo por qué, por primera vez en 4 meses, haya sido la primera carrera sin molestias y sin dolores en el tobillo del esguince. Y por qué, gracias a eso, al fin vuelvo a disfrutar de las bajadas pudiendo arriesgar como me gusta. Al fin!Y por ver que los bastones si pueden ser útiles, incluso en llanos y en bajadas, según sea la superficie del terreno. Y por Luis, que anda cada día más y me está poniendo muy difícil poder volver a estar a su altura. Y porque mis padres hayan vuelto una vez más a verme hacer lo que más me gusta. El año que viene, si no hay nada raro que lo impida… que cuenten conmigo una vez más!!

 

PD: Mañana, 1 de octubre de 2017, Los Motopollos nos plantamos, en mi caso por segunda vez, en el Metrayeta Trail, en Yernes y Tameza. Carrera muy similar en todo al Trail Valle de Samuño, que nos hará volver a “DISFRUFRIR” como enanos, haga sol o llueva. Luis y Cristian volarán, y yo intentaré que no me saquen mucho tiempo, a ver me van a acabar con la paella final!!!

PD: Hoy cumple 30 palos Camy, una Motopollo que aún no se ha estrenado con el equipo, y que me ha dicho que en octubre comienza a entrenar… mañana empieza octubre! Así que, muchas felicidades, y a entrenar duro, que, en vistas del nivel que damos algunos de los que estamos dentro,  alguien tendrá que venir a mejorarlo!!

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BABIA SHERPA TOUR – ETAPA 2 (AGUS)

CONTINÚA DE LA CRÓNICA ANTERIOR…

 

Tras sobrevivir al ataque de los “jabalíes”, a Cristian y a otra noche en una tienda de campaña en la que, una vez más, no cabía, amanece en Babia. Abro los ojos, veo claridad y ya se escuchan ruidos de gente fuera de sus tiendas, conversaciones, risas, y ruido como de plásticos. Miro el móvil: son poco más de las 6 de la mañana. Buah, sobra tiempo, a la gente parece que le duele dormir. Hay que tenerlo todo recogido en torno a las 8:45, ya que los corredores comenzarían su etapa a las 9:00, y los sherpas lo haríamos justo después. Con levantarnos algo antes de las 8, de sobra. Vuelvo a intentar dormir un rato. Estoy un rato ahí, que me duermo, que no, pero cada vez se oye más barullo fuera, y uno empieza a ponerse nervioso pensando que si todo el mundo se pone ya en marcha, por algo será, así en torno a las 7 y poco ya decido levantarme. Si hasta dormí bien, que el año pasado… ni una hora. Así que arriba. Miro a Cristian y ahí está, el angelito, durmiendo como siempre. Éste dormiría tranquilamente ahí en el medio sin tienda ni nada, qué tío. Pero en cuanto me muevo, se despierta… “Arriba princesa, hay que recoger!”

Me salgo de la tienda… y el mismo error del año pasado… tanto barullo de gente, risas y risas, sales y ves… qué? 15 personas? 20? Como mucho. Va saliendo gente de las tiendas, pero la aplastante mayoría siguen durmiendo, o descansando. Mierda, otra vez igual, otra vez que vas muy pronto. Pues ahora ya está, ya no me vuelvo a echar.

Salimos a estirarnos, sobre todo yo, que cada vez que duermo en esas tiendas menguo un par de centímetros. 7 y pico de la mañana, y ya hace calor. Aún se aguanta, pero se ve que para las 9, hora de la salida, ya va a cascar un solazo potente. Nos ponemos con calma a recoger la basura, a desayunar, a organizar la mochila que hoy llevaré yo, a desmontar la tienda y, en definitiva, a dejarlo todo listo cuanto antes.

Por allí está el “jabalí” de la tienda de al lado. De pie, inmóvil. Yo no me fijo en qué está haciendo. Le doi los buenos días y veo que ni me contesta. Bueno, supongo que el comentario de la noche anterior cuando empezó a roncar como un tractor (¡¡¡CUIDADO!!! ¡¡¡SE COLARON JABALÍS EN EL CAMPAMENTO!!!) le habrá sentado mal. Listillo, que nos venía dando clases de cómo montar la tienda, cuando la suya la tuvo que montar su mujer. Sigo organizando nuestras cosas y de repente veo lo que está haciendo éste energúmeno: sin cortarse un pelo, de pie en la puerta de su tienda, con la nuestra a 2 metros… meando! Entre todo el mundo, mirando al tendido… meando!! Pero asqueroso, si tienes todo un monte para ti con separarte 50 metros!!! Además, en ese momento nos dimos cuenta de que es un gran amante de los rallies: a la par que el caballero miccionaba, iba a lo Collin McRae, “petardeando” al reducir marchas. Cago en su p… Me apetecía remangarle tal patada en los pendientes reales que llegara a la meta de un salto. Cristian y yo nos quedamos como cualquier sucursal bancaria hoy en día… no dábamos crédito.

Continuamos los preparativos, liándonos al plegar la tienda, con los sacos… lo normal. Pero nos sobra más tiempo que el año pasado. Me pruebo la mochila: pesa mucho, pero menos que el año pasado. Al menos algo aprendimos. Esta vez al ponerla no tienes la sensación de caerte de espaldas. Terminamos y hace un calor horrible. Y… malas noticias. Nos dicen que parece que la salida se va a retrasar media hora. Y resultó ser verdad. Cuanto más tardemos… más calor! Parece ser que hubo algún problema con la señalización del recorrido y que desde las 5 de la mañana estuvieron intentando arreglarlo para que nadie se perdiera.

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A la sombra, viendo como la gente termina de desmontar el campamento

Así que… a buscar sombra, como todo el mundo! Intercambio de palabras con Marcos y con alguno más de alrededor. Nadie, absolutamente nadie está de bajón por el calor. Ni siquiera Edu, que hoy va de sherpa como yo, que a pesar de haber sufrido ayer como en su vida, allí está, con evidente pinta de cansado, pero de bastante buen humor. Todos lo pasamos mal, pero no se escuchan más que chistes y risas, salvo alguna protesta por el retraso en la salida. 6 o 7 caballos se meten corriendo entre la gente(se me viene la musiquilla de Bonanza a la cabeza), ya que la salida se da desde una cuadra que ahí allí en un montículo. Estábamos en su casa y se enfadaron, como es muy normal. Si a mí se me meten en casa un montón de caballos con mochilas, bastones, relojes caros y ropa fosforescente, también me encabritaría.

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Seguimos a la sombra… frente a la casa de los caballos

Y al poco… nos avisan para tomar la salida! Cristian, que esta vez será corredor, se dirige hacia allí.

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Listos para volver a darlo todo!

Arrancan los corredores! Edu y yo nos quedamos allí viéndoles, comentando con los chicos de la asistencia lo que había pasado ayer y viendo como empezaban a subir el primer repecho. Y a los 2 minutos… nos toca! Los caracoles, con la casa al hombro, comenzamos a colocarnos, sin saber muy bien si ya se ha dado la salida o no. Me pongo bastante delante, y veo que todo el mundo se para. Tenemos el dron grabando encima de nuestras cabezas, zumbando como el moscón de la carne. Cuenta atrás, y ahora sí… salida!!! Corremos como si no llevásemos mochilas enormes a la espalda… durante unos 30 o 40 metros. Luego ya, fila de a uno durante un rato, sube baja, aparta rama, sube baja… la parte más dura, por fortuna, está en la salida. Si ayer comencé a sudar a los 850 metros, hoy lo hice ya a los 630 metros. Recorrido más fácil, pero telita con el calor.

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Sigo sacando fotos, pasamos entre el rebaño de vacas más grande que vi en mi vida, y poco a poco vamos metiéndonos ya en el camino más ancho que ya nos llevará hacia la ansiada meta en San Emiliano. Subimos el repecho más largo del recorrido, y en el km 4 aproximadamente ya nos metemos en ese camino. De aquí en adelante, el recorrido es el mismo para sherpas y corredores, así qué, como a los corredores les dan un rodeo antes, en un rato empezarán a adelantarnos sin piedad.

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Catarata… hay de todo por esta zona

Y efectivamente, tras parar un par de veces a sacar unas fotos y a ayudar a un chaval a sacar unas cosas de la mochila, comienzan a adelantarnos los primeros. Km 6 y medio aproximadamente. Empiezo a contar, para cuando me cace Cristian, que no tardará, poder decirle como va. Pasan unos 4-5 corredores. Llego al km 7 y pienso: a ver si llego al km 8 antes de que me coja Cristian. Porque él viene bien seguro, no falla nunca. Así que cuanto más tarde de me cace, quiere decir que mejor voy yo. La verdad que voy regulando y tranquilo, y aún así mover esa mochila cuesta… pero las sensaciones son buenas.

Llego al km 8. Vista atrás, y Cristian aún no viene. “A ver si llego al 9”. Me distraigo con el reguerín que nos acompaña gran rato del camino. Con el calor que hace, de buena gana me tiraba ahí media hora. Me han adelantado menos de 20 personas, aunque me perdí un poco al contar y en ese momento veo que me adelanta la primera chica. Nada, Cristian tiene que estar al llegar, fijo. Miro atrás… y ahí viene esa camiseta del maratón de Laredo que tan familiar me resulta. Casi como si fuera mía. Entre los 20 primeros, qué tío! En el km 8 y 600 metros exactos, me paro, grabo video con su adelantamiento (totalmente limpio, nada que objetar), intercambio de sensaciones… y a seguir! Na, queda menos de la mitad, así que a seguir bebiendo bien y con calma, que esto está hecho. Nada que ver con las sensaciones del día anterior. Hoy hace calor, pero el terreno es bastante favorable, a pesar de algún repecho. Qué mérito tuvimos ayer!

Le tengo un rato a la vista, lo que me hace crecerme y adelantar a varios. Pero si ya se me suele escapar yendo juntos, pues yendo yo con mochilona… bye bye.

Voy recordando todo el tiempo que en el camino hay una fuente. Y casi no tengo agua, a pesar de irla controlando. Hace falta beber mucho. Me la juego. No puede faltar mucho. Bebo lo último que me queda. Aún no he guardado ni el bote, doi la siguiente curva… y ahí está. Tómalo! Clavao!! Me pongo pingando de cabeza a pies, en ese orden… qué delicia, está fría fría, muy fría… bebo, relleno solo un bote, ya que quedan solo 4 km y algo, y me pongo de nuevo en marcha. Aquí me adelantaron varios, me tomé mi tiempo. Pero tocaba una pequeña bajada y les volví a adelantar. Poco a poco ya se empezaba a ver que esto se acababa. Pero ya no voy tan bien, cuesta llevar esa mochila. Una señora nos riega con una manguera… algo es algo. Pero con un poco de champú ya hubiera sido perfecto.

Los últimos 2 km antes de llegar al pueblo son durillos. Camino incómodo, y praos… y ese prao se me hizo pesadísimo, parecía interminable a pesar de ser casi llano. Tuvo que hacerlo casi todo caminando, para proteger además el tobillo. Cuando salí al asfalto… que alivio. Ahora llega algo de subida para entrar en el pueblo y subir a meta, pero el terreno a mí me va mejor. Entro caminando al centro de San Emiliano y los voluntarios me animan. Tranquilos… que sé que desde el cruce hasta meta es todo cuesta arriba, y la voy a hacer corriendo aunque no pueda caminar en una semana. Y eso hago. Saco el móvil para grabar toda la llegada, mientras escucho el barullo de la meta, aunque aún no la veo. Adelanto al otro Agus en competición, le animo, y le digo que ya tenemos el estadio olímpico a la vista. Aquella pequeña pista de futbol donde termina la carrera… es como si lo fuera. Última curva. José, el organizador me da la mano (lo hace con todo el mundo, del primero al último), y me da las gracias por enésima vez par haber ayudado a Edu ayer. Entro en la pista grabando a Cristian, que ya está allí, mientras él me graba a mí. Y META!!! Otro año más. Llego bien, pero con mucho calor, y cansao. Más por lo de ayer que por lo de hoy, yo creo.

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La ansiada meta

Cristian me ha reservado un par de sandías, más otras dos que ya acaba de liquidar él… a nosotros nos sale rentable la inscripción. Bebo allí de todo, tanto que tengo sensación de hinchazón, y me meto debajo de una manguera que tienen para, en teoría, limpiar un poco los pies. Como casca el sol aquí, su madre. Menos mal que tenemos el coche al lado de la pista, y podemos ir a por la ropa y ducharnos cuanto antes.

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Queda claro quien anda sobrao y quien no…

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El día que quiten las sandías de los avituallamientos… habrá que dejar de ir a las carreras…

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Tachááán!

Hoy la gente no tiene tantos problemas como ayer. Marcos por allí anda, Edu también, hoy está en meta sin ningún problema, con sus acompañantes, que también me dan las gracias… se empeña en pagarme una cerveza y hasta la comida, pero al final todos tenemos que irnos, así que nos emplazamos para el año que viene en el mismo lugar. Es muy probable que ambos estemos en mejores condiciones, ya se tomará una cerveza, dos o dos docenas, las que hagan falta!

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Típica foto que simboliza otro reto superado!!! Esas caras quieren decir… que volveremos!!!

Y cogemos el coche, y vuelta a casa… llegamos los dos bastante apagados. El calor del coche está terminando de dejarnos secos. Ya en casa, sacando las cosas de la mochila, termino tirado en el suelo de la cocina. Yo estoy reventao, y además está fresquito.  Me levanto con sumo trabajo, y como como si no hubiera comido en 15 días, pero me da el sueño, así que me voy a dormir. Necesito echarme ya. Lo que siempre recomiendan vaya, después de una buena fartura, que mejor que tirarse a la bartola…

Despierto un par de horas más tarde, con una sensación de no ser capaz de mover las piernas para ponerme en pie. Pesan cada una 50 kg. Nunca había tenido esa sensación. Me levanto y, solo por curiosidad, voy a pesarme. Miro y me sorprendo a mí mismo. Casi 72 kg. Cuando me fui hace alrededor de 28 horas pesaba más de 76 kg. O sea, 4,5 kg menos, eso después de haber comido como un búfalo y de haberme puesto morao a sandía, a Aquarius y a agua. Qué brutos somos.

Y fin. Después de sufrir tanto, solo puedo decir… que en 2018 volveremos a estar en parrilla de salida, con 0 o con 50 grados. Por supuesto, como dice el eslogan de esta grandísima carrera… NUNCA DEJAREMOS DE ESTAR EN BABIA!!!

Babia Sherpa Tour – Etapa 1 (Agus)

17 y 18 de junio. Babia Sherpa Tour. O lo que es lo mismo, la mejor carrera de montaña que he corrido hasta la fecha. El mecanismo es el siguiente: se corre por parejas (corredor y sherpa). El sábado, el corredor tiene que hacer un recorrido de alrededor de 13 km, subiendo al durísimo Montihuero, y bajando al campamento donde se pasará la noche. Los sherpas, que llevarán una mochila con todo el equipaje necesario, suben por otro recorrido bastante más asequible, de alrededor de 11km. Y el domingo, se abandona el campamento y se baja a la línea de meta situada en San Emiliano. Sherpas y corredores haciendo un camino esta vez bastante similar, aunque el de los corredores es algo más largo (14 y 17 km). Pueden intercambiarse los papeles, ser corredor un día y sherpa el siguiente. De hecho, nosotros así lo hicimos. Además de todo esto… no tienes agua ni comida hasta la meta del SEGUNDO DÍA… tienes que apañártelas con lo que lleves. Y éste año, con el calor que hacía… esto era un serio problema.

Llegamos a San Emiliano (lugar de la meta del segundo día) hacia las 15:30 del sábado. Nervios y preocupación. Nervios porque repetimos en una carrera que el año pasado nos maravilló. Y preocupación por el insoportable calor. Superando de largo los 30 grados, no es lo ideal para correr, ni mucho menos. Los que, como yo, con cada grado centígrado de más perdemos 10 cv… vamos a pasarlas moradas. Veo venir muchos desfallecimientos y mareos en el día de hoy. Hay que centrarse y hacer las cosas bien para no estar entre ellos. Por si fuera poco, el esguince del pie sigue ahí recordándome que a la menor torcedura ya puedo irme despidiendo de la carrera. Por eso decidimos que fuera yo el que el primer día fuera sin la mochila (bueno, decidí yo, Cristian como es un grande, no lo dudó. Y eso que él disfrutaría mucho la primera etapa del corredor…). Ese peso para el pie posiblemente fuera jugársela mucho, así que, otra vez… tocaba subir al Montihuero! Y a ver la bajada… habría que hacerla casi andando. Lo que tenía claro era que no me la iba a jugar nada. Hay que llegar como sea y disfrutar de esta experiencia, se tarde lo que se tarde.

Pero no pasa nada. La preocupación no existe cuando vas con el mejor compañero con el que se puede ir. A Cristian I, “El Celíaco” le importa la mitad de nada que llueva o que haga calor. Esa eterna sonrisa que lleva pase lo que pase hace que tú también te olvides de cualquier problema y te centres solo en disfrutar. El cabrón, cuando más sufre es cuando más disfruta. Eso hace resaltar también lo inútil y poco consistente que eres tú mismo. Pero da igual, al compararse con los grandes, es lo que pasa. A pesar de que haya hecho que me deshidratara ya en el coche (que sudada, parece que subí hasta el Negrón ya corriendo), y de que su presentadora de televisión favorita sea EVA “ENE”, siempre seguirá siendo mi “amor platónico” en esto del running (SOLO EN ESTO DEL RUNNING!).

Pues eso, llegamos a San Emiliano. El tostazo es inmenso. Nos bajamos del coche, saludo a Marcos, a quien conocí precisamente aquí el año pasado (gran tío!) y preguntamos a un chaval (Edu, de Madrid… ni puta idea de su nombre ni procedencia en ese momento, pero luego me enteré, porque para su desgracia, para mí fue el gran protagonista del fin de semana) como coger los dorsales. Nos indica que hay que ir antes a Cabrillanes, volver a San Emiliano y que el autobús nos vuelva a llevar a Cabrillanes a la salida. No estamos de acuerdo, me informo, y, efectivamente, cogemos el autobús con todo ya listo hacia Cabrillanes, y allí nos quedamos ya.

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Foto desde el autobús, camino de la salida

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Todo listo, siempre On Fire!

Gran montaje. Una especie de almacén abierto por un lateral (pudimos protegernos del sol), donde se repartían los dorsales, donde había una barra de bar y un dj. La noche antes ya hubo fiesta para los corredores, fue una pena perdérsela.

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Cristian en modo caracol

Recogemos los dorsales. Nos los dan, junto con 2 frontales,  la tienda de campaña para pasar la noche (rojo pasión) y a juego… un condón. Gran detalle. Sobre todo cuando la pareja con la que vas es un amigo. Mejor hubiera sido un pack de cervezas (o Aquarius bien cargados pal colega…).

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Cada uno se hidrata como cree conveniente

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Cristian y su Gadgeto-palo selfie!

Nos hidratamos todo lo posible, y a las 17:30… salida para los corredores!!! Allá voy yo, saliendo a cola del grupo dispuesto a tomar todas las precauciones posibles, y más. Ya antes de salir tienes la sensación de ir sudando por dentro, y en cuanto te mueves, la cosa se agrava. En los primeros repechos, los cuales hago mitad caminando mitad corriendo para tantear el pie, la gente empieza a sufrir de lo lindo. “Yo no puedo… vaya calor… dios”… respiraciones muy agitadas. Notas que las pulsaciones se te disparan con nada. A las 850 metros, de reloj, y sin hacer apenas esfuerzo… empieza a arroyarme sudor por la cara… pfffff… esto es mortal. A todo esto, los sherpas, Cristian entre ellos, pasan en el autobús viéndonos de lejos, y pitándonos. Se dirigen hacia Huergas de Babia, donde ellos tomarán la salida, a las 18:00.

Poco a poco voy adelantando gente. Sin faltar a nadie, cuando sales muy a cola, no te cuesta ningún esfuerzo subir posiciones. Al km y poco ya enfocamos una primera bajada. Esta sí que es una buena prueba para el pie… y la pasa muy satisfactoriamente. Lo que más temía era ya empezar con dolores y tener que hacer el resto de le etapa cojo como Lina Morgan en Hostal Royal manzanares, y de eso al menos parece que me voy librando.

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¿Cómo no parar a hacer fotos y videos con zonas así?

Seguimos poco a poco subiendo unas zonas bastante exigentes, y hay gente que me mira mal… porque no hago más que adelantar, pararme y foto. Adelantar, pararme y video. Y así… Sufro como ellos, para hay gente que parece que se juega la vida en cada zancada y les molesta que tú andes haciendo el indio.

Llegamos al km 3 y algo. Nos encontramos con un abrevadero lleno de agua sucia y asquerosa… ¿sucia y asquerosa? ¿Perdona? La gente, tostadísima ya, se mete dentro, cabeza y todo. Que imágenes se veían. Un chaval grabando un video totalmente metido, excepto la cabeza, otro diciéndole que si le permite entrar con él a su bañera… nunca perdemos el sentido del humor.

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Yo me mojo entero y sigo adelante, móvil en mano. Me junto con un asturiano que me suena de vista y nos tiramos un buen tramo hablando tranquilamente. Luego me enteré de que también se llama Agus, casualmente!

Sigo adelante, subiendo poco a poco, parando cada vez que hay un riachuelo a mojarme y grabando mil videos y fotos. La zona lo pide. Sin gastar mucha fuerza, sabiendo que queda algo durísimo. Ahorrando agua todo lo que puedo, pero es muy difícil. Se te seca la boca y se te queda como una alpargata, y aunque bebas, el agua está como sopa de sobre. Te echas un poco por encima y ni la sientes. Y en éste tramo aún hay algún metro de sombra, pero a partir del km 6 y pico…

Llego al km 7 y pico. Riachuelo, y comienza lo duro. El Montihuero ya impone al fondo. Grabo un video que intento enviar al momento a los colegas de Motopollos, y arriba! Subida de momento no muy dura (en comparación con el resto, pero ya pica a base de bien) por un camino estrecho en un prao, pero asfixiado, ya a pleno sol y con las pulsaciones a tope. Cada poco hago pequeñas paradas. Virgen, si pa lo duro duro aún me queda un buen tramo.

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Hablo con la gente intentando pensar en otra cosa, pero es difícil. Cuesta mucho trabajo respirar, y ves que mucho antes de llegar a la parte más dura, que además es eterna, ya no puedes con el alma. Sudas ya a chorro limpio De las pocas veces que pensé seriamente que no iba a ser capaz de subir a donde hubiera que subir. Aunque ves a más gente como tú, y las cosas como son, eso anima.

En el km casi 9 llega lo duro. Ya no hay prao, ni hierba ni casi tierra. Toca poco menos que escalar, durante el km y algo más duro que yo conozco (sobre todo éste año). Me siento con una pareja antes justo de empezar, viendo un paisaje impresionante. Y poco a poco arriba. Cada minuto y poco siento la necesidad de parar o reventar. Llevo el corazón desbocao. Me empieza a pasar hasta el apuntador. Bebo agua y como si no bebiera nada. Y vuelvo a parar, y vuelvo a parar, y vuelvo a parar. Gente que también para y que sufre mucho, se me terminan escapando. ¿Seré inútil y quejica, o qué? Joder, qué rabia!!! Yo, como ya lo conocía, dando clases hace un rato a gente, diciéndoles que se reservaran, que lo que llega es duro… y esa misma gente ahora me pasa por encima! Que frustración! Y sigues y eso no se acaba nunca. Dan ganas de darse por vencido y tirarse a dormir. Pero no puedes. Cristian está montando la tienda de campaña pa que tú pases la noche, así que, arriba, mameluco! Ya descansarás! Y esa energía que tú mismo te obligas a buscar te dura… un par de pasos. Luego vuelta al suelo. El sol casca de plano encima nuestro, ni una miserable nube, la sensación es de más de 40 grados con mucho. ¿Pero esto que es, el Maratón del Sables? ¿La Titan Desert? Esto ya es peligroso! Subes algo fuera de tí, no eres capaz de apoyar bien los pies… estás medio mareao, muy torpe, y sobre todo, vacío.

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Duro no, lo siguiente…

Vuelvo a echar a andar, pero no doi más. Es imposible. Me paro, de pie con las manos en las rodillas y la cabeza casi en los pies. Mareado, deshidratado, con una necesidad imperiosa de tirarme algo frío por encima. Ya cuestión de salud, no de placer. El golpe de calor está muy cerca. Llega una chavala por detrás y me pregunta:

  • ¿Estás bien?
  • Sí, sí (sin levantar la cabeza). Descansando un poco solo.
  • Ah, ok ok.

Mentira podrida. Estaba en esa postura para vomitar, y hasta las piernas me temblaban. Y la cabeza no me dio ni siquiera pa apartarme del medio. Pero hay que hacerse el duro. Así que, sin vomitar, seguí adelante.

Y en una de las mil veces que estaba sentado, o más bien, tirado en una piedra de mala manera, veo un resquicio de esperanza. Veo llegar a Marcos. Me comenta que lo mismo, que de piernas bien, pero que sube como atontao del calor, que no recuerda haberlo pasado tan mal. Y ojo, que éste es duro! Es todo el calor, que a todos nos está machacando. Me uno a él como puedo, y poco antes de coronar, vemos una peña que proporciona algo de sombra… y allí nos tiramos, como un naúfrago cuando llega a la costa, durante unos 5 minutos con otro par de chavales, intentado recuperar un poco la temperatura. Fue mi salvación, estoy seguro. Del tobillo, por cierto, ni que decir tiene que ni me acordé más. Bastante tenía yo ya encima.

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Vamos, que ya lo tenemos a tiro!

Arrancamos otra vez, y aunque mejor, cada paso es un triunfo. Subimos el último tramo, hacemos una pequeña bajada… y ya vemos la cima!!! Lo vamos a conseguir, una vez más!!! Pero aún queda una última cuesta dura. Desde allí me paro a hacer una foto, donde ya se ve a la gente que ya ha subido y que comienza a bajar (eso el que ha subido, porque otros ya directamente cogen y bajan, sin llegar hasta arriba… sin palabras). Se me escapa Marcos, se me escapa todo el grupo y se escapa hasta el alma subiendo esa última chincheta… pero de nuevo arriba!! Video de rigor, un año más!! 2h horas y media para hacer menos de 10 km. El año pasado en ese tiempo ya estaba en el campamento, y me quedan mínimo otros 40 minutos de bajada. Brutal!!

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Cima una vez más… y no será la última…

Con calma comienzo la bajada, por la canal, que a tramos asusta. Aquí es donde yo tenía más miedo antes de empezar, por el tobillo, y es cuando me vuelvo a acordar de él. Pero bueno, hemos pasado lo peor, ya estoy algo más fresco, y con un pelín de fuerza tras estar un rato parado en la cima. Ahora ya, cuidadín y al campamento a descansar. Cuando más tranquilo parecía todo, de repente, se acabó para mí esa etapa. O más bien lo contrario. Empezó mi labor importante en esa etapa. Pego un pequeño salto y veo a mi izquierda un bulto azul. Me giro rápidamente y veo a un chaval medio sentado medio tumbado, con la vista medio perdida, zombi totalmente.

  • “Hostias! El chaval al que nada más llegar preguntamos donde se cogían los dorsales!”

Suelo acordarme bien de las caras (normalmente, si no que se lo digan a Edu Rus), y de éste me acordaba perfectamente. Le pregunto qué tal, si quiere agua o algo (aunque yo apenas ni tenía). “No, solo estoy mareado”.  Se pone a comer una barrita media deshecho del calor, y a beber. Tiene de todo, pero el problema es que tiene un golpe de calor de tres pares de coj… Le digo que tranquilo, que me quedo allí con él, y que no hay prisa. A todo esto pasa gente por allí… y ni caso.

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Por ahí arrinconao estaba el chaval

Casi al momento se levanta y se pone a caminar. Más o menos, no sé si a eso se le puede llamar caminar. Le veo y me da un escalofrío de nervios por dentro. Se tambalea y casi no enfoca con la mirada. Dios. No está ni pa caminar. Pero aquí donde estamos no llega nadie a poder buscarle en… qué sé yo… media hora? Poco me parece. Por una vez en la vida, al menos, llevo el móvil.

Echamos a andar, vigilándole de cerca, y por un rato la cosa va a peor. Se tropieza, cae de culo varias y siempre se queda sentado con la vista perdida. Le digo que se tumbe un rato que a lo mejor recupera algo. Pero solo dice que tiene que llegar como sea. Éste es de los míos. Necio como una mula. Y es que encima esta bajada es seria, y tiene su historia, de cómoda no tiene nada, y mucho menos yendo así.

Habiendo bajado ya más de la mitad, llegó el momento en el que ya me acojoné del todo. Iba caminando a su lado, vigilando que no tropezara, cuando de repente se para, abre un poco los brazos, pierde la mirada totalmente en el fondo y se empieza a tambalear. Dios, se desmaya. ¿Cómo coño lo saco yo solo de aquí? Porque la gente nos ve y no para nadie, tiene huevos la cosa. Me tiro como un loco a sujetarlo, pero no sé cómo, en cuanto le toqué pareció como si hubiera despertado y no se desmayó. Fue cuando ya ví que el tema era serio de verdad, y que ese chaval no podía seguir así. Entre paradas y una cosa y otra, ese km tardamos en hacerlo… 43 minutos!!!

Y hablando parece que se distraía. Y bueno, pues a darle la brasa. Me dice que cuando yo le encontré, había pasado ya varios, y no se habían ni parado. Y me empieza a contar, que se llama Edu, que es de Madrid y que corrió ya esta carrera las 4 veces que se organizó hasta ahora. Y me da las gracias unas 1.000 veces. Y yo mientras, buscando las zonas un poco más fáciles (aunque alguna vez me salió el tiro al revés) y sobre todo, buscando si alguien de la organización anda cerca. Y sí! Joder, al fin!

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Ya se le laguna de Las Verdes y la chica de asistencia!

Con la Laguna de Las Verdes ya a la vista, veo a una chica de los servicios médicos. Parece que está ahí, pero aún nos cuesta bastantes minutos y muchos tropezones llegar hasta ella. El chaval quiere seguir, como yo si estuviera en su situación, seguro, pero por una vez estoy bastante sereno, así que me adelanto, y le digo a la chica que a ver, que éste chaval no está pa seguir, que yo le acompaño hasta donde sea pero que va zombi del todo. Edu llega un poco después, habla con la chica, ella avisa a José, quien organiza todo esto y que está al lado de la Laguna, abajo, y entonces continuamos camino al campamento. Pequeña bajada y ya empieza el tramo fácil casi llano de menos de 2 km. Al menos ahora ya no tendré que estar tan pendiente de que no se despeñe.

Llegamos hasta José. Un currante y un gran tío. Nos comenta que ya atendieron a 3 en el campamento y que varios se dieron la vuelta. Normal. Y pocos me parecen. Le da una gominola, estamos allí un rato sentados y seguimos camino del campamento. Caminando, pero al menos Edu ya habla bastante mejor que antes y aunque va reventado, ya no hay tanto peligro.

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Nos distraemos viendo caballos en una pequeña laguna, grabo unos videos, saludo a sherpas que aún no han llegado que nos animan… y pienso en Cristian. En que ese capullo es capaz de comerse el jamón de mi bocadillo… y sobre todo, llevo ya un rato grande pensando en cómo avisarle. Él no subió su móvil, o ese le entendí antes en la salida. Tiene que estar pensando que reventé el tobillo, fijo. Yo debería haber llegado hace 1 hora o casi. Pero bueno, ya le explicaré todo al llegar.

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Cristian, de turisteo mientras llega su lento compañero

Vemos a la gente lavándose y cogiendo agua en un riachuelo, a unos 200 metros del campamento. Edu bebe lo que le ofrece la gente y enfocamos la última subida. Al llegar arriba, 50 metros a meta, ya se ven todas las tiendas montadas. Un chaval sacando fotos a un lado (el sherpa de Edu) y… Cristian, sin hacer nada. Me quito la mochila, la levanto con una mano, y me pongo a pegar saltitos a la pata coja sobre el pie del esguince. Imagino que se daría cuenta de que todo estaba bien, esa era la idea.

Son casi las 10 de la noche. Cuatro horas después de nuestra salida, empieza ya a oscurecer, y se sienten unos tímidos aplausos a nuestra llegada (si la gente supiera lo que paso éste chaval hoy, aplaudirían a rabiar). Hay gente que nos pide un sprint. “Sí, sí, éste chaval hoy solo sprinta pa meterse en la cama!”.

Cruzamos la meta caminando, me abraza y se le saltan las lágrimas. Y sigue dándome las gracias por vez número 2.587, contadas. Pa eso estamos joder, esto es así. Viendo como estaba yo cuando estaba a punto de coronar, podía haberme pasado a mí perfectamente. Y agradecería que alguien me echara una mano.

Nos despedimos, voy con Cristian, que ya lo tiene todo montado (tiempo tuvo…) y le cuento todo. Efectivamente, pensaba que me había pasado algo. A ver, que soy Motopollo, por favor!!! Le digo que no le avisé porque no sabía cómo, y me dice “Pero si traje el móvil, hasta te escribí yo y todo”. “¡Mierda! ¡Yo pensando que lo tenías en el coche!”

Bueno, lo importante es que todo está bien. Me cambio de ropa, vamos a por agua al riachuelo, y cenamos por allí (mi bocata de jamón estaba intacto). La verdad es que si no llega a ser por la historia esta, yo hubiera llegado hecho polvo, y estoy nuevo.

Manga corta, pantalones remangados… el año pasado toda ropa era poca y éste está pa andar en bañador. Subimos a los montículos de alrededor a sacar unas fotos. Damos una vuelta casi a oscuras por el campamento… gente durmiendo, otros con botellas de orujo en grupos celebrando… lo que sea, qué más da, el caso es celebrar. Y para terminar, nos tiramos a la luz de la luna a escuchar una charla sobre las estrellas… en la que nos reímos más que enterarnos de nada, pero que fue un buen remate para terminar relajadamente el día.

Luego parece ser que un rebaño de jabalíes se divirtió entre las tiendas de campaña… eso o que  algún señor en alguna tienda cercana que tiene serios “problemas respiratorios” por las noches…

CONTINUARÁ…

Luis – Crónica Las Ubiñas

Llegó, sí, llegó. Carrera de las Ubiñas. Sin estar seguro de querer correr me planté en la salida, a ver qué podía pasar.

Antes, momentos de risa que parecen mentira. Buscas el dorsal, miras las listas… PUM, aquí estoy! 326… OK, vamos a pedirlo. DNI, talla de la camiseta y bolsa del corredor. Miro que vaya el dorsal… todo en regla. Volvemos al vehículo que dejé aparcado sutilmente en una curva para poder salir empujándolo (lleva mal un mes, no arranca a llave, hay que empujarlo). Pero cuál es mi sorpresa! Al llegar veo que uno ha conseguido meter el coche justo delante a solo unos centímetros. “Joder, que mierda… a ver si cuando yo venga no está ya”. Sigo con los preparativos a más de 45 minutos de mi salida. Me lo tomo con calma.

Camino hacia la salida, que a las 9 toman los de la carrera larga. Saludo a algún participante, hablo con Avelino, a ver cómo está de la caída y decido subir unos 200 metros a grabar a los corredores.

Faltaban más de 20 minutos, así que fotos pal wasap sin cobertura, y llega el sonido de un volador. Ya salen. En nada pasan por mi lado. Eran unos cuantos! Recojo, bajo para mi salida y a mi camino me pregunta una chica qué ha pasado, si me he caído o qué. Yo atónito a sus palabras le digo “no, nada. Si yo salgo ahora a las 9:30”. Me miró tan raro que pensé que habían salido las dos carreras a la vez…

Sigo bajando y encuentro a María del Castillo que me vuelve a parar, y lo mismo.” Que salgo ahora a las 9:30!” Me dice “no, tú llevas el dorsal de la larga”. Miré para él y descubrí  que no llevaba el 326, si no el 226, que estuvieron buscando porque el chico no aparecía. Al final me dieron otro número… (claro, pensé, yo taba en mi mundo a 300 metros cuando hablaba el speaker). Me lo quitan y a los 2 minutos me traen el 326 jajaja.

Ya había empezado mal no desayunando, olvidando los bastones… seguía pensando en pirarme. Me mezclé entre los corredores y me encontré a Guillermo y a lo tonto pasé el control de material y me vi tomando la salida.

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Hacía calor pero no lo suficiente para llegar a incomodar, al menos a mí. Primeras cuestas a rebufo, primeros adelantamientos. Espectacular el sitio, unas vistas bonitas y unos caminos muy marcados por el paso del tiempo.

Todo era subir. Un poco de llaneo para recuperar, pero subir con calma grabando y sacando fotos. Hice cumbre, paré en todos los voluntarios a hacerme una foto con mi “pollo-apoyo” jajaja. Para Manuel, que está cerca de su meta, pero se le está complicando la cosa.

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Va por usted, maestro!

Comencé a bajar, a ritmo, con Guillermo, y juntos hasta el avituallamiento. Pregunto por dónde hay que tirar. “Después de esas rocas”. Joder cuando lo ví… menuda canal! No se veía el final, solo corredores. A esto miré a ver dónde estaba Guillermo y ya no le ví más.

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Hala, pues nada, con calma. Éste tramo era unido, tanto carrera larga como corta. Así se me hizo más ameno. Yo a mi ritmo iba pasando corredores jodidos, mareados tirados a la sombra de las rocas, siempre interesándome por si están bien.

Llegamos al punto de separación. Quince por aquí, el resto por allá. Te paras y miras la subida. De la que me he librado, madre… aunque picaba el gusanillo. Tiré por mi lado, y era subida también.

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Pero una subida circular, esquivando el pico de la larga, pero uniéndonos en nuestra cumbre con su bajada, donde había otro avituallamiento, y donde te encaminabas hacia, para mí, la subida más dura. Eché manos al suelo y todo para ayudarme. Iba en un grupo de la grande, donde estaba Luis Vélez.

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Cumbre, y hala, para abajo. Bajando bajando muy llevadera, caminando como iba yo, y con mi cabeza llena de pájaros. Unos metros de subida y ya empieza la bajada al último avituallamiento. Me cruzo con Pedro Cuenca a 1 metro, y como no me dice nada le saludo yo (Qué pasa Pedro!). Me dice que no me vió llegar… a un tío de amarillo chillón con una gorra amarillo chillón, casi caminando jajaja… pues será que no me vió.

Entro al refugio y pregunto cuánto queda a meta…  8 km me dicen. Frío no… lo siguiente me entró en el cuerpo. Vaya 7 km más largos madre mía. Relleno la mochila, como 2 trozos de sandía, una gominola… y vamos a por otros 8 jajaja.

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Comienzo a subir por donde veía a todos ir y me paran. “No no, tú eres de la corta, tú sal por la derecha del refugio, no te quedan ni 2 kms”. Eché las manos a la cara, me reí de mí, y nada, para abajo por otro lado. Bajada muy técnica, solo piedras y más piedras hasta meta. Me comprueban la mochila, y hala, a beber algo que ni me entraba, porque había estado hacía 10 minutos rellenando las cosas. Vuelvo a ver a Cuenca, donde me dice que no me vió llegar y que se me veía muy entero. Claro, entre que caminé cuando había que correr e hice el zombi cuando había que caminar… no estaba cansado, es más, iba a hacer 8 kms de más jajaja.

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Para rematar, llego al coche, y cuál es mi sorpresa… el de delante sigue pegado. Me cambio con calma… baja gente y gente… pero no él. 42 minutos tardó el tío en bajar. Le pedí amablemente si podía apartar el coche. Y accedió. Empujón, coche arrancado y de vuelta a casa fue cuando el móvil recuperó la cobertura, y eso que en algún momento de la carrera la tuvo.

Sin más, repetiré, con más moral, FIJO!

III Espeleo Trail Cueva de Valporquero

Prólogo: SONIA RUBIO

Os preguntaréis cómo ha sido el proceso por el que una caravana de Motopollos ha desembarcado el 4 de junio en el III Espeleo Trail Cueva de Valporquero, en León. Todo comenzó allá por el mes de mayo con esta señora Motopollos con la boca abierta ante la majestuosidad de las maravillosas Cuevas de Valporquero… alguien me dice que aquí creo que se hace un trail, búsqueda por Google y… en un mes resulta que se va a celebrar esta original carrera. Esta señora lianta lo comenta por el grupo Motopollos como quien no quiere la cosa y ya no hay vuelta atrás. Empieza la planificación de lo que acabó siendo un día espectacular.

Os creeréis que como somos todos unos corredores de los más entregado, cuando hablo de planificar una carrera me refiero a estrategias, desniveles, tiempos de corte… oye! Que somos Motopollos! Nuestros planes son quien lleva el postre, la caja de sidra, la tortilla… Me diréis, pero si la organización os invitaba a corredores y acompañantes a una chorizada… ya , ya… pero por encima de todos somos asturianos y no sea que nos vayamos a quedar con hambre.

Llegó el gran día y allí nos presentamos nuestro presi Luis, Agus, Tote, Torres, Javi, Diego, Álex, Sonia y Manu de fotógrafo. También Mila y Chechu que ese día fueron un poco Motopollos, y Alejandro también para inmortalizar nuestra gesta. Cargamos los coches con nuestras familias y comida como si fuéramos a pasar un mes fuera de casa. Que se note que venimos de Asturias!

CRÓNICA POR… JAVI VIGÓN

Llegaba a Valporquero con todos los “deberes” por hacer, no había mirado el perfil, no sabía cuántos avituallamientos había, donde estaban, de qué tipo eran… por no saber no sabía ni cuantos kms teníamos por delante… un desastre de planificación total y absoluto, con lo cual traté de poner la oreja bien cuando dieron las instrucciones antes de salir, pero claro, la Ley de Murphy es como es y el altavoz era malo no, lo siguiente, vamos que no se entendía un pimiento, con lo cual, ¡a la aventura!

Pum, salida, aún no me moví ni un metro y ya veo a los “pro” corriendo como centellas por el aparcamiento. Salimos los de la cola, unos metros por asfalto y giramos a la derecha para coger una senda que sube cuesta arriba. En nada nos metemos en el bosque, un hayedo espectacular, con todos los troncos cubiertos de líquenes y casi sin sotobosque. Una pasada. El suelo es una alfombra de hojas, vamos en fila india siguiendo las marcas, no me parece que haya sendero alguno. La cosa se pone pindia de verdad, todo cuesta arriba, suena el reloj piiii, miro, 2 kms, buff, 25 minutos para hacer 2 kms, esto promete…

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Subimos, subimos, subimos, árboles y mas árboles, piii, 3 kms, por fin va clareando el hayedo, ya se ve la salida, llegamos arriba, vistas tremendas, se ven al fondo las minas de la Vasco-Leonesa en la zona de Gordón, hacía el sur se intuye la meseta. No hay tiempo para contemplar el paisaje, comenzamos el cresteo hacia el noroeste sobre un terreno calizo bastante incómodo para correr, después de un rato comenzamos a bajar hacia un prado, cogemos un sendero y ¡el último que apague la luz!, todos a correr cuesta abajo, la galopada no dura mucho, pronto entramos en una zona de subebajas donde está el primer avituallamiento, km 4 y pico, ¡50 minutazos! casi nada…

Después de beber vamos unos cuantos de chachara, el terreno es propicio, km 5, km 6, de repente oigo por atrás, “yo que vosotros no miraba a la izquierda”, evidentemente miramos todos… paredón al canto con su típica fila de “hormiguitas” de colores serpenteando hacia arriba. Pues nada, a subir tocan, segunda subida fuerte del día, subo con calma, comentamos que no es para tanto. “Ya”, dice el cigua de turno, “ esta es la más light, la gorda de verdad es la siguiente”. Así que, venga, too p’arriba, cresteo y bajada con algún paso complicadete donde tengo que recurrir a las 4 patas para evitar hostiarme. Llegamos a un regatu. Hombre, que bien, por fin algo de barro. “Pasa mejor subiendo algo hacia la izquierda”, me chilla un voluntario desde atrás. Bah, me va a asustar a mí esta mierda de barro, ¡de frente!… plas, me hundo hasta la rodilla. “Ya te avisé” oigo desde atrás… después del barro sendero hacia arriba, llevo delante a una chavala del “Tortugas trail León” que me lleva con la lengua fuera. Joer, con la tortuga, si llega a ser gacela no lo cuento. Salimos a una pradería amplia, me recuerda a la Vega de Camayor en Somiedo. Da gusto correr por esta alfombra verde. Alzo la vista y veo lo que nos espera, la fila de hormiguitas de colores está subiendo un pico al otro lado de la majada. Ale, p’arriba otra vez, tercera subida del día, esta es seria, todo para arriba, primero a dos patas, en ocasiones a cuatro. Coronamos y el voluntario de arriba aprovecha para soltarnos el archiconocido chiste del ascensor, “vaya subidita, ¿eh?”, “¿Cómo no cogisteis el ascensor? ¿no lo visteis? Estaba ahí al lado, jua, jua, jua”. La bajada la hacemos por la vertiente norte, tira el aire que da gusto, me quedo tieso en cuestión de minutos. La bajada se me hace pesada, el terreno es incómodo. Llegamos a una senda, la seguimos hasta cruzar un riachuelo, al otro lado una pista y el segundo avituallamiento, paro a beber, al fondo se ve Valporquero. “Ya está chupao” me dice la voluntaria, ahora toca correr pista adelante hacia Valporquero. Miro el reloj, la hostia, 1h 40’ para hacer 8 kms…

Llegando a Valporquero no llegamos a entrar. Justo antes giro a la derecha y p’arriba otra vez. Valporquero está en una cresta entre dos peñas, subimos a la que está más al oeste, enfrente veo que la meta está en la otra peña, muchas hormiguitas ya están entrando. Llego a la cima y toca bajar por una pequeña canal bastante pindia, en un paso echo culo a tierra y acabo saltando. Entro en el pueblo, dos calles y bajada por praos hasta la entrada de la cueva. En la bajada están Manu y Loli cámara en mano. Foto, saludo y a la cueva.

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Foto de Manu Sainz

Para entrar a la cueva hay que saltar un cierre de maderos y cruzar un río .Cagunfrós que torpe soy pa esto, las OCR desde luego que no son lo mío. Resbalón, pie al agua y pa la cueva. Chof, chof, chof me hace el playero derecho al pisar. Entramos y salimos por el mismo sitio, con lo que nos vamos cruzando todos. No hay orden ni concierto, unos salen por la derecha y otros por la izquierda, no tengo ni idea de qué lado es el bueno, así que p’alante y a esquivar al que venga. La cueva es una pasada, la geología de BUP ya me queda bastante lejos. “¿Los pingorrios estos que cuelgan son estalagtitas o estalagmitas?”Ni idea, y además, no hay ni tiempo ni cobertura en el móvil para mirar la wikipedia, habrá que volver otro día y pagar la visita guiada. Salimos de la cueva y nos metemos en otra galería que nos lleva al aparcamiento. Ya solo queda subir la última cuesta hasta La Atalaya, donde está la meta. El ambiente es magnífico, gente animando por todas partes, me quedo sin aliento de tanto dar las gracias. Me cruzo con los compis que ya acabaron y están bajando: Sonia, Tote, Torres. Arriba en meta está Luis el presi con la cámara para inmortalizar el momento. Por fín meta, 2h 10’. No estuvo tan mal, correr no corrí un pijo, pero prestar me prestó asgaya.

 

 

CRÓNICA POR… LUIS

Salimos de casa con la sonrisa puesta,

Hoy me he levantado con ganas de saltar,

La niebla de la mañana nos quiere apagar,

Pero un aire freso nos vuelve a despertar.

 

La ciudad parece dormida,

Hoy es nuestro día y nadie nos lo va a arruinar,

Torres en la esquina espera para la salida,

Yo sé el camino y se lo voy a mostrar.

 

Vamos en camino con ganas de mear,

Una paradita y la gente nos mira al pasar,

Llegamos a la cueva y vamos a disfrutar,

Todos en la foto, que vamos a empezar.

 

Juntos en la salida comenzamos a arrasar,

Agus se distancia, quiere terminar,

Luis le persigue, le va a delantar,

Los demás empiezan a sudar.

 

Subimos el primero de los cuatro,

A ritmo, sin parar,

No queremos ni mirar atrás,

Disfrutamos de las hojas que nos hacen recordar

Esa subida de las cascadas de Bufarán.

 

Comenzamos una pequeña bajada, quiero dar más,

Miro a Agus a lo lejos, lo veo acercar,

Segundo pico alucinante, se hubo que ayudar

De las manos para poder escalar.

 

Gran bajada por rocas y canales, con gran visibilidad, el día perfecto para enmarcar.Seguimos esperando a Agus, pero no acaba de llegar… Salimos al pueblo camino de la cueva, ahí un gran Manu nos anima sin parar y nos saca una foto para poder fardar.

Entramos en la cueva y no se ve una torta. Escaleras para bajar, así que escaleras para subir, y salida, no sin la foto de Alejandro.

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Salida al parking y subida a meta, que vaya subida, con ánimos de Natalia y Lucía que no hacía más que esperar. Con ella de la mano le decía que tirara, que ya no podía más.

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1h38’ al final, y un ataque repentino de hipo y tos y las fotos de rigor nos hicieron perder la entrada de Agus y Álex (sorry). Sin pensar me coloqué a sacar fotos y a esperar al grupo. Poco a poco llegaron sin poder parar, todos contentos, con ganas de saltar.

Cervecita y comidita de rigor esperando los premios. A Mila le tocó subir al pódium. Luego a por el chorizo y una caña, pero como era poco, fuimos a por nuestras reservas y nos pegamos un festín, con postre casero y todo.

Charlas y risas con gente que se conoce de muy poco pero con algo en común: lealtad y muchas fotos para el recuerdo.

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Para terminar bajamos a una playa en el río Torío… o algo así… Merendola, como no, café y vuelta que ya ye hora. Día chulo entre los que más se disfruta. GRACIAS CHICOS!

 

APUNTES POR… AGUS

Yo tengo poco que añadir. Después de una introducción graciosa, de las que prestan, de Sonia, de una crónica de Javi con detalles del paisaje que yo nunca suelo dar, y de la innovadora poesía de Luis… yo, cronista habitual, puedo quedar perfectamente relegado de mis funciones en cualquier momento. Así que voy a dejar aunque sea una pequeña lista de mis impresiones en esta carrera. Allá van!

  • Orgulloso de que uno de los Motopollos que hemos tomado “prestados” para esta carrera haya corrido por fin con la camiseta de Motopollos, es más, con mí camiseta negra.

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  • En la primera subida, la del hayedo que dice Javi (yo no distingo hayas de chopos), impresionado ver como el presi Luis , cuando todos subíamos ya caminando apoyando las manos en los cuadríceps para hacer fuerza, nos pasa por fuera de la línea como un obús. Iba a darle una palmada en la espalda a modo de ánimo y casi no logré darle. Qué tío!
  • Una pasada de paisaje. No suelo fijarme mucho en eso, pero esta vez, era para fijarse. Tanto en las cimas como en la cueva, digno de ver todo ello, aunque la organización en la cueva fuera pésima. Una cosa no quita la otra.
  • Por una vez, me hubiera gustado llevar el móvil encima. Enfocando la tercera subida, y la más dura de todas ellas, la vista era impresionante como pocas veces. Un reguero de gente ya subiendo, Luis llegando a la base, a punto de empezar, y yo más lejos, viendo toda la subida… hasta donde se podía… porque una capa de niebla la tapaba e impedía ver dónde terminaba aquello. Una foto de ese panorama habría sido un lujo.
  • Después de varias torceduras pequeñas de pies (el terreno era propicio), y una caída de las mías (tercera igual, rasguños en rodillas, cadera, espalda…)… con Luis minuto y medio  o 2 minutos por delante aprox, después de llegar a la cima de la subida que acabo de comentar, decido empezar a bajar con tranquilidad… y cuando más tranquilo estaba yendo… llegó la “avería mecánica” que casi acaba con mi día y con bastantes más días similares. Se me pasó por la cabeza que las carreras de Babia, la Batallona, la Mudrera, que ya están cerca y que tanto me gustan, se acababan de esfumar por un mal apoyo.
  • Pero no. Como siempre digo, no es tan fácil tumbar a un Motopollo. Se necesitan mucho más que un par de crujidos para acabar con cualquiera de nosotros. Rechacé la ayuda de un par de chavales que querían avisar de que vinieran a recogerme. De ninguna manera. No les voy a dar el disgusto a los compis de que un día así se estropee por una lesión. Pensé esperar a que alguno de los Motopollos que venía por detrás me echara una mano… pero aún quedaban 8 km, no les iba a estropear la carrera. Y además, no sabía ni dónde estarían… así que… palante. Por suerte es menos grave de lo que parecía en un principio. Empiezo a poder apoyar algo. Las bajadas casi andando, o totalmente andando, y los llanos y subidas a trote y sufriendo. Pasé por el avituallamiento del km 9 manteniéndome bien recto para que no me obligaran a abandonar la carrera (totalmente verdad, incluso sonriendo y hablando con la voluntaria… hay que despistar!). No mi pierdo yo una foto corriendo en la cueva de Valporquero por nada del mundo! Ya dentro de la cueva tuve el mayor de los cuidados, y en la salida por la galería y en el repechaco a meta aprieto todo para poder correrlo y que nadie me vea cojear. Incluso dejo atrás al grupo en el que iba. Cabeza alta siempre!

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  • 129 carreras, y primera vez que al terminar hay que pasar por el “mecánico” con desperfectos serios, que pudieron serlo mucho más. Ya tocaba. Ahora a recuperarse para Babia. Lo importante es que todos acabamos la carrera, del primero al último, unos más sobrados, otros hechos polvo (Torres, va por ti. Se te veía fundido al llegar, pero mantuviste el tipo como un campeón), y que pasamos un día de auténtico lujo después. Risas varias, comida variada también, y momentos que espero no tardar 129 carreras en volver a repetir. Hay que convertir esto en una costumbre!!!
  • Y como siempre digo, el equipo somos todos, corredores, acompañantes e incluso alguno más que no siempre puede estar presente. Que mejor foto para representar esto…

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PD: Hablamos solo 4. Y ya podemos ver que las carreras son muy diferentes dependiendo de quien las corre. Si hubieron escrito todos… tendríamos 10 o 12 historias muy diferentes de una misma carrera. Es lo mejor de todo esto!!

A pesar de todo… creo que me quedé sin foto en la Cueva… pero da igual. Orgulloso de haber sido capaz de llegar (creo, no sé si orgulloso si asustado por demostrar una vez más estar algo loco…) y sobre todo orgulloso de toda esta gente de la que me rodeo!

Rock’n’Roll Maratón Madrid 2017 – Agus

Por el Arco del Triunfo. O en éste caso, estando en Madrid, sería más propio hablar de la Puerta de Alcalá. Llamémoslo “J”. El caso es que por ahí es por dónde yo me pasé mis límites en éste maratón.  Por la “Puerta de Alcalá”.

2. Puerta de Alcala

Las horas previas al maratón fueron tranquilas, y en ellas seguí mi rutina habitual antes de las carreras. Mientras otros maratonianos tomaban algo sentados tranquilamente en las terrazas de Madrid, aprovechando de vez en cuando para, discretamente, estirar los gemelos (postureo…) y lo que se terciara, yo prefería caminar sin parar de un lado a otro. Y mientras otros cenaban sus platos de pasta o paella con agüina de la fuente yo me decantaba por unos huevos rotos con jamón y patatas fritas en la bendita Plaza de San Miguel. Con su cervecina, obviamente. ¿Con qué va a ser si no? ¿¡Cón horchata!? ¡Eso sí que sienta bien!

Y llegó la noche, y proseguí con el punto clave de mi rutina habitual: no dormir un carajo. Hostal bueno, bonito y barato. O bueno… más bien… barato, barato y… barato. Y así nos fue. A la cama algo más tarde de lo debido, como siempre, y luego… la selva es silenciosa al lado de ese hostal. Tarzán era un privilegiado. Claridad que se colaba por la ventana, por la rendija de la puerta, por un cristal translúcido que daba a otra habitación… discusiones en el pasillo a las 4 y pico de la mañana, que me hicieron incluso pensar que iba a tener que salir a echarle una mano al recepcionista, que llega gente con unas melopeas que mete miedo…  ruidos de los baños, que al ser baños compartidos, entraba bastante gente…¡Qué desesperación! Aunque sé yo de una que durmió plácidamente pasando de todo… igual también estar nerviosillo sí que me afectó algo.

El caso es qué no me hizo falta despertador. Bastante antes de las 7:30 (hora inicial de ponerse en marcha), yo ya estaba hasta los mismísimos de estar en la cama, así que me levanté y me puse a desayunar. Me embadurné de vaselina (sabia decisión), y me sobró tiempo, ya que había quedado con Álex a las 8:30 para ir ya juntos a la salida.

Y eso hicimos. 5 minutos después, allí estábamos, en los cajones de salida, junto a Neptuno, con casi media hora de sobra. Como todos los que nos conocen bien se imaginan, aprovechamos para calentar a tope. Un despliegue de ejercicios y posturas digno del mismísimo Kenenisa Bekele… vamos, que lo único que calentamos en toda esa media hora fue la lengua de hablar y comentar sensaciones, pensamientos y demás.

Mucho antes de salir ya llega la primera mala señal. La liebre con el globo de 4h estaba lejos de nosotros, en principio. Cuando se iba a dar la salida, ya nos había recortado terreno. Qué triste. Sin empezar, y ya la tenemos encima. ¡Esto promete!

¡¡¡PUUUUMMMM!!!

Tras la salida de los élite, nos llega el turno a la plebe. PETARDAZO, YYYYYY… AAAA ESPERAAAAARRRR!!  Menudo a atasco. Nos tiramos todo el Paseo del Prado caminando hasta Cibeles, donde está el arco de salida. Salimos al fin, enfocamos  Recoletos, Colón y la Castellana. Pasamos por delante de la Central Térmica de Aboño… quiero decir, del  Bernabeu, pasamos entre las Torres Kio y damos la vuelta justo debajo de las  4 Torres. Todo esto a ritmos alrededor de 6’ el km. Entre la subida, que te quieres controlar y el atasco monumental que hay…

Hasta el km 11, apenas se puede correr con comodidad. En el km 14, cuando maratón y media maratón se separan, es donde parece que se coge aire. A todo esto, Álex y yo, vamos tranquilamente, de momento muy bien, hablando y haciendo el tonto, básicamente. Dedicándonos a intentar encestar las botellas y los vasos en los contenedores sin parar de correr ni de reírnos. Álex encestó una de lejos. Yo una triste bandeja. Si correr ya no es lo nuestro, el baloncesto ya se nos queda en otro mundo.

Nos estamos acercando a la zona más céntrica de Madrid. Kms 17-18. Yo sigo dándole la chapa a Álex, contándole batallitas de los otros maratones, y cosas que yo creo que funcionan, cosas que hay que pensar cuando llegue lo duro y pequeñas tácticas y trucos. Psicología, básicamente. Como si yo fuera un experto… Álex me comenta que empieza a ir algo cargado. Yo, la verdad que de momento, al  estar yendo más tranquilo que nunca, voy perfecto, está siendo una gozada. Así que intento animarle y seguir con mi charla… sin imaginarme que todas las cosas y consejos que le iba contando, y más que tuve que improvisar sobre la marcha, me los iba a tener que aplicar a mí mismo poco más de 1 hora más tarde.

Llegamos a la Gran Vía. Cruzamos Callao, por delante del mítico edificio Schweppes. Me parece increíble estar corriendo por aquí. Bajamos por la calle Preciados dirección a la Puerta del Sol. Y la entrada en ella es uno de los momentos que pase lo que pase en la vida, me llevo puestos. Voy a tardar muuuuuuucho tiempo en olvidar esa sensación. Bajando por Preciados se iba escuchando cada vez más barullo, además de música, ya que allí había puesto un escenario. Y de repente… un pasillo, como en el Tour de Francia. Un griterío enorme, filas y filas de gente abarrotando la plaza, y nosotros como hormigas por el medio. Solo hay sitio para 3 corredores de cada vez, como mucho. La gente se nos tira encima. Te hacen sentir importante. Me lleno de escalofríos. Intento decirle algo, no recuerdo qué, a Álex, que va justo delante, pero es imposible, no me va a oír. Así que me centro en disfrutar de aquellos pocos segundos de gloria. En Nueva York es verdad que la gente te arropa todo el recorrido, y a ratos te hace sentir alguien especial. Pero creo que en ningún momento sentí la misma sensación que en la Puerta del Sol. No me lo esperaba. Como ya digo, ese momento me lo guardo en mi álbum mental de “Mejores Momentos”.

Al salir de la Puerta del Sol, parece que te sientes vacío. De repente, hay casi silencio total. Dejo que se me vayan recolocando los pelos que se me habían puesto de punta y me preparo para ver por primera vez a nuestras FANS Nº 1. Km 20. Pasamos por delante del Palacio Real, y ahí están, Sonia y Laura para animarnos, grabarnos en video y con el agua en la mano. Tal como estaba hablado, yo le pedí a Sonia que me esperara con agua porque me iba a hacer falta. A mí el calor me machaca. Pero aún llego aquí bien. Estamos a la mitad y le digo que todo va perfecto, que guarde el agua para más tarde.

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Sí sí, a tí… te la dedico!

Pasamos por la mitad del recorrido con 1h55’28’’, dejando a la liebre de las 4h a distancia. Pero la cosa pronto iba a empezar a ponerse fea.

Poco antes del  km 26 nuestras mochileras vuelven a estar ahí, para animarnos. Vuelvo a rechazar el agua porque veo que hay un avituallamiento a 100 metros. Pierdo algunos metros con Álex al coger agua, como todas las veces (soy torpe perdido para eso) y veo que ya me cuesta más trabajo volver a llegar a su altura. Y la liebre nos recorta tiempo a pasos agigantados. Ya se les escucha detrás, muy cerca.

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Buena cara, aún…

Entramos en la zona de la Casa de Campo. Ya empiezo a tener esa sensación de que empiezas a correr un poco por inercia, pero aunque aún te encuentres medianamente bien, ves que la cosa ya no fluye tan fácil. Y quedan 15 km… uyuyuyuyuyyyyy… el que haya pasado alguna vez por esa sensación sabe la que se le viene encima.

Pero me resistía a creerlo. Hay que mantener la mente apartada de esos pensamientos. Km 30. Efectivamente, el tramo de la Casa de Campo se me está haciendo durísimo. Quedan 12 km y no tengo ganas de seguir corriendo. Ya aguanté mucho más de lo que debería, tras no haber entrenado nada desde hace más de 2 meses… esto es más que suficiente… pero hay que seguir. Es el primer maratón de Álex. Hay que ir con él como sea. Por si hay que echarle una mano y porque prestaría llegar a meta con él, qué coño.

Justo antes de salir de la Casa de Campo hay un avituallamiento. Llego allí preguntándome a mí mismo cómo tengo pensado capear el temporal. Justo aquí nos adelanta la liebre. Que le den. Tenemos margen para bajar igualmente de 4 h, ella no va por nuestro tiempo. Vuelvo a quedarme rezagado al coger agua, y  justo al salir del avituallamiento hay un repecho estrecho que hace que se me salten algunos remaches. Busco teleférico para subir, pero no hay. Me pongo pingando con el agua y bebo, porque empieza a hacer calor. Nada más pasar éste repecho, otra vez nuestras fieles seguidoras vuelven a estar ahí, y vuelvo a rechazar el agua otra vez. Aquí aún puedo poner buena cara (más o menos) aunque ya estaba viendo la que se me venía encima.

Seguimos y en el km 32 cruzamos el Manzanares. Yo casi no hablo ya, y el muro, ese mítico muro de los maratones… me acabo de estampar contra él. Me cuesta un triunfo seguir el ritmo de Álex. Y sé que el recorrido no hace otra cosa que picar hacia arriba hasta meta… la virgen, esto va a ser peor que La Matanza de Texas… Cruzando el río Álex me dice: “Mira, el Calderón”. Un campo de fútbol al lado de la cabeza y si no me lo dice, ni lo veo. Ya voy solo pensando en que los km vayan pasando como sea. Aquí hay otro avituallamiento de fruta. Cojo un plátano, como un bocado y lo tengo que tirar. Llevo la boca ya totalmente seca, no soy capaz de tragarlo ni bebiendo agua. Bebo todo lo que puedo y a los 2 minutos ya vuelvo a estar totalmente reseco. ¡Pájara, pájara!

Antes del km 34 vuelven a estar Sonia y Laura en el último punto pactado. Ahora sí, no solo cojo el agua, si no que suelto un gel y un bizcocho que llevo siempre. Total, no puedo ni comer, pa que lo quiero. Me quedo solo con 2 orejones, que es otra cosa que llevo siempre. Ya las hago partícipes de que el motor está a punto de tener que pararse por sobrecalentamiento. Pero hay que seguir.

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Agua, por Dios!

Justo después hay otro repecho. Éste sí que me termina de destrozar. El contador de revoluciones entra en la zona roja. Hago un esfuerzo titánico para juntarme con Álex. Llego a su altura y no digo ni mu, ya veo que no puedo más, que ese ritmo me saca de punto. Aguanto hasta el avituallamiento del km 35. Pierdo tiempo, me retraso… y encima no puedo coger nada para beber!! ¡¡Pero coño, qué inútil!! Yo creo que respeto demasiado a los demás, tengo que ser algo más cabrón  en estos temas. Álex me da de lo suyo, y cuando le devuelvo la botella, no le digo nada, pero mentalmente me despido. “Hasta aquí llegamos compañero. Dale tú, que aún bajas de 4 horas”.

Y bueno, misión cumplida hasta donde pude. Hacer compañía, intentar que Álex no pensase negativamente… esperaba  aguantar más, pero sin entrenar, es lo que hay, el cuerpo está totalmente en chasis. Así que, hasta aquí llegamos. Bajo el pistón. No porque quiera. Es que no puedo. Voy a tope. Cuesta trabajo respirar, entre el calor y el agotamiento. Estoy vacío, me adelantan hasta los cubos de basura donde la gente tira las botellas. Voy viendo como Álex se aleja. Veo que el sufrimiento va a ser extremo estos 8 km que quedan. Los peores. Todo prácticamente cuesta arriba…

De repente, una figura sale de entre los coches y se atraviesa en medio de mi camino. Parece que nadie la ve, pero yo sí. Perfectamente. Y sé muy bien quién es y lo que quiere.

  • Hola Agus. Soy tu límite. ¿Cómo estás? ¿Tieso verdad? ¡Cuánto tiempo sin verte, amigo! Casualmente pasaba por aquí y pensé que sería buena idea que tomaras en consideración la idea de retirarte, ya que el tema puede llegar a ser peligr…
  • ¡Quita hostia!

Le agarro del pescuezo, le meto 4 puñetazos y lo lanzo un camión de la basura que había allí aparcado. Hecho un trapo lo dejé. Y así es, niños, como alguien se pasa su límite físico por la “Puerta de Alcalá”.

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– Operario: “Madre mía… cómo lo ha dejado!”

Me mentalizo. Pienso lo que siempre digo llegados a éste punto. ¡Vamos! ¡Solo queda una San Silvestre! Ya no veo a Álex. Me alegro de que él haya podido mantener el ritmo…

Llego a Atocha. Km 37. Miro de reojo y veo la luz de la reserva encendida. Llevo un ritmo de risa, pero estoy consiguiendo mantenerme y no parar. Enfoco nuevamente el Paseo del Prado intentando ponerme a la sombra… y de repente veo a Álex de pie parado al borde la carretera. Estirando una pierna. Calambres. ¡No, joder, no! Y voy yo y cometo el error que acaba de destrozarme la carrera. Al verle, mi reacción fue… parar. A mí ya me daba igual el tiempo, y llegar hoy que mañana, solo quería que él pudiera llegar. Debería haber trotado, pero me paré totalmente. Esperé unos segundos y volvimos a trotar juntos. Volví a cambiar el chip. Miro el reloj, y aún haciendo los km a poco más de 6’, entraríamos en menos de 4 horas. Aunque ya no sea lo primordial, ilusión hace. Nada, hay que echar una mano como sea. Pero si Álex ya había empezado con los calambres, yo no iba a ser menos y por supuesto, iba a unirme a la fiesta. Por haber parado en seco. Premio para el caballero. ¡Qué listu ye! Pasamos Neptuno. Yo no puedo con mi vida. De Neptuno a Cibeles, el tramo que a la salida hicimos andando… pues ha debido haber obras, porque mide mínimo el doble. Qué eficientes. Aún hay resto de cemento… ah no! Son las vomitadas de los que nos preceden!

Enfocamos nuevamente  Recoletos y empiezo a notar los calambres llamando a la puerta de los cuadriceps de mi pierna derecha (vasto interno, que me informé) y aquello cada vez pica más hacia arriba. Miras al fondo y la gente no gira a la derecha. ¿Pero joder, a mí qué mapa me dieron? ¡En el mío se giraba antes! A mitad de esa recta, tengo que parar. Álex me anima y sigue adelante, poco a poco. Me paro por agotamiento. No tengo fuerzas para despegar los pies del suelo. Parece que peso 100 kilos. Km 39. “¡¡¡Vamos Agus, joder. Hay que llegar como sea!!!”

En éste momento, miré al banquillo de suplentes y ví qué opciones tenía. Vamos a ver. Estamos a punto de comenzar la prórroga y los titulares están fundidos. Necesitamos “algo” para conseguir nuestro gran objetivo. A ver, a ver…  Sabía que sólo disponía de “2 jugadores” que pudieran llevarme a la meta. Nada, hay que sacarlos ya, no se puede esperar más. Sigo caminando malamente, miro hacia abajo y les comunico a esos “dos” que les va a tocar salvar los muebles. Ya otras veces fueron vitales. Pero hoy lo van a ser más que nunca.

En cuanto doi la orden de hacer el cambio, vuelvo a intentar trotar. El efecto de los “suplentes” es inmediato. Se nota. E igualmente  inmediatos son los calambres, que vuelven al cuádriceps derecho, levemente, y a los 2 gemelos casi a la vez. Pero los aguanto. Los “suplentes” se encargan de ello. Giramos por fin a la derecha en la calle de Goya. Sigue siendo cuesta arriba. No me lo puedo creer. Sigo medio cojeando ya, porque los calambres ya son en los 2 gemelos y en los 2 cuadriceps, y en la curva anterior al km 40 vuelvo a unirme a Álex, que también va fino de calambres. Damos la curva y… cuesta arriba!!! ¡Señor! ¿¡Por qué me has abandonado!? La próxima vez que venga a Madrid les coloco un bombazo que les dejo esto liso. Palabra.

Pasamos el km 40. Nuevo giro a la derecha… y cuesta arriba. ¡Matádme! ¡No quiero vivir! Solo quiero llorar… los calambres ya solo me dejan ir totalmente cojo. Es una tortura, y encima no hay fuerza ninguna. Como me pare no vuelvo a caminar más, todo se habrá acabado… qué fácil y rápido sería terminar ya con todo…

Km 40,5. Curva hacia Príncipe de Vergara y, al fin… cuesta abajo!!! Gracias Señor!!! Al fin. ¡Bajamos directos al Retiro!  Pero yo hace rato que voy apretando los dientes, literal, y respirando solamente con el objetivo de minimizar los dolores. Parece que bajo haciendo la prueba de Humor Amarillo de cruzar el estanque sin tocar el agua. ¡Qué dolores! Lo del cuádriceps derecho… ¿Es un calambre? ¿Seguro? Madre de Dios, qué dolores.

Nada más cruzar el km 41, tengo que parar. La bajada me está machacando aún más si cabe los músculos. Me quedo agachado, agarrándome sobre todo el cuádriceps derecho intentando minimizar el dolor. Si llego a tener un martillo lo habría usado para ponerlo en su sitio. Ya no puedo ni caminar, tengo sensación como de estar en medio del desierto, sin esperanza de poder llegar vivo a ningún sitio. Salvo porque siento un sonido de fondo… una muchedumbre murmulla “ooooooooooooo…”

Vuelvo a la realidad. Me pongo de nuevo erguido cuando siento como los “suplentes” vuelven a tirar de mí. Comienzo a hacer como que corro, pero sin poder apoyar ni una pierna ni otra. Todo un espectáculo. En ese momento, cuando empiezo a moverme, renqueante, la muchedumbre que antes murmuraba “oooooooooooo…” ahora grita “ooooooooooooléééééé!!!” Aunque muchos no se lo creerán, es totalmente verídico. Qué cabrones. Parece que Madrid me conoce y sabía que no iba a quedarme allí parado a ningún precio, estaban esperando a que reaccionara, como cuando tu equipo de fútbol está barriendo al rival y se celebran los pases. Otra vez, pelos de punta. Les aplaudo en reconocimiento, gastándome mis últimas fuerzas para levantar los brazos, y me devuelven el aplauso. A pesar de estar pasándolo fatal… qué momentazo.

Me “lanzo” a 7′ y pico el km en busca del Retiro, ahora sí que voy apretando con todo. Queda menos de 1 km, hay que acabar ya con esta tortura. Apenas puedo respirar, no puedo apoyarme y la pierna derecha me está abrasando. Pero ya está. El Motopollo va a lograrlo nuevamente!

Última curva en zigzag antes de entrar al Retiro. Veo borroso, el agotamiento ya ha pasado a otro nivel y además boqueo como un pez, apenas puedo coger aire. Veo a Álex que también tuvo que volver a parar. Me uno a él y se me saltan las lágrimas. Mezcla de dolor (más grande que nunca), agotamiento (que te pone sensiblón), de volver a terminar otro maratón y además en un sitio tan emblemático, de hacerlo con Álex después de todo lo que estamos pasando…

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Felicitando a Álex, que también se comportó como un titán

Cuando entramos al Retiro, ya es todo recto (y largo, joder). Entre las ganas de llorar, el esfuerzo y el dolor, no abro ni los ojos. No soy capaz ni de hacer el gesto de escupir. Pero sé que Álex va al lado y con eso me vale. Entre todo el griterío, escucho otra vez a Sonia y Laura, y aunque abrí los ojos, no las ví. Un calambre brutal me hace tambalearme hacia un lado, pero ahora ya no, ahora ya no me tiras ni a cabezazos. Ni en broma. Llegando al arco de meta pego un grito salvaje (“VAMOOOOOOSSSSSSS”) a lo Rafa Nadal. Pura rabia, parte de locura también, parte de agradecimiento a “los suplentes” y parte de decirle al Rock’n’Roll maratón de Madrid que si quiere tumbarme va a tener que esperar a otro año. Justo en ese momento Marta, que se acercó a Madrid también (sí, Asturias invadió la capital!) nos sacó esta foto. No se ven lágrimas porque estaba algo lejos, pero las había.

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Yo no tengo esos brazos… pero iba haciendo fuerza hasta con las orejas.

Y cruzamos la meta!!! Demostrando que tanto Álex como yo TENEMOS UNOS HUEVOS DE GRADO 9 EN LA ESCALA RICHTER!!! 4 horas 4 minutos y 28 segundos. 6 km finales de 5.000 metros cada uno. Siento la necesidad de tirarme al suelo allí mismo, pero se me va a subir todo y me voy a marear, así que me mantengo en pie, volviendo a colocarme los músculos a golpes. Siento ganas de abrazarme al speaker y a cualquiera que pase por allí. Si me ponen una cámara delante yo creo que la firmo, como los tenistas.

Cogemos bebida y la medalla (si no me la dan, mato a alguien) y ya sí que no puedo más. Me tiro en el medio de todo el mundo, y es que todo me da igual. No habría andado lejos de desmayarme. Me viene un masajista a preguntarme si estoy bien. “Pero túmbate a la sombra hombre”, me dice. Qué más da, solo quiero tener los ojos cerrados 2 minutos. Ya estoy todo quemao del sol (encima), qué más me da ya.

Me quito del medio y nos vamos con Sonia y Laura, que nos ven de chiripa. Me vuelvo a tumbar a la sombra. Dios. Qué animal soy. Como se me ocurrirá hacer estas cosas. Nunca mais. No se puede sufrir de esta manera.

Después de un rato me siento y se me sube un gemelo, se me suben los 2 isquios. Los cuádriceps se comportan, pero están esperando su oportunidad… pero ya estoy mejor. Toca sonreír pa la foto!!

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La que más me costó ganar hasta ahora, acompañado de un gran amigo.

Y ahora,  qué? Pues pal hotel caminando al solazo, por supuesto!! Ducha y a comer!! Sitio tremendo (El Buscón de Quevedo), donde comimos como muy pocas veces. Fue bueno haber tenido guía en la gran ciudad…

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Ninguna carrera está completa sin una buena fartura detrás.

Y se acabó. Una vez más se venció. Pero estuvo muy cerca de que no hubiera sido así. Lección aprendida. Lo importante es que la medalla ya está en su sitio con las otras 4… y que hay sitio para muchas más!! Pero no a cualquier precio ni de cualquier forma. Palabra de honor.

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Qué guapas sois!!!

Dar las gracias sobre todo a Sonia. Una vez más aguantando mis historias, junto con Laura caminando de un lado a otro para vernos pasar y ayudarnos, incluso coger el metro para llegar a meta antes que nosotros (os lo pusimos fácil jejeje)… mil gracias a las dos. A Álex, por hacer compañía y por haber aguantado sin inmutarse el coñazo que le solté toda la santa carrera. Y sobre todo, ENHORABUENA!!!  Y otro enorme ENHORABUENA para los dos compis Motopollos, Tote y Torres, que casi a la vez que nosotros completaban el Maratón de La Coruña, con 2 tiempazos que yo no estoy capacitado para lograr… aún. Estamos dejando huella en toda España!!!

Y por supuesto, gracias a Cristian, a Camy y a su hermana, que nos ofreció su casa para ducharnos, aunque luego no hiciera falta, a Marta, a mis padres, al resto de Motopollos…En una carrera así se piensa mucho. Y te acuerdas de ellos muchas veces. Sabes que, unos allí mismo y otros en casa, siguiéndote por la aplicación del móvil o esperando para verte en meta, o esperando simplemente noticias tuyas, todos están pendientes, y si pudieran te darían sus piernas para echarte una mano… eso da mucha fuerza y muchas ganas de llegar como sea!!! Se agradece tener a tanta gente cerca!!!

Y por último ya, como ya comenté antes de la carrera, va dedicada a Lucía, la nena de Luis. La cosa va mejorando, y me alegro mucho!!

Ahora ya, Trail Ruta de los Marineros, con Cristian, éste domingo día 7. Ojo, que es un tándem de lujo, que los caminos del Naranco los desbrozamos nosotros por las noches en nuestros buenos tiempos jajaja. Leña al mono!!!

PD: Si alguien no sabe aún quienes son “los suplentes”… que venga conmigo a un maratón y se lo explico!!!

QUE LA LENGUA NO SE TRAGA, ¡COÑO!

Información importante de como actuar en caso de emergencia. Muy bien explicado, y queda clarísimo! Información extraído del blog MEDICOACUADROS.

MEDICOACUADROS

Una vez más, twitter ha resultado ser una magnífica herramienta de educación sanitaria que nos permite enderezar viejos mitos y creencias, algunas peligrosas, en temas de salud. Poder hacer medicina de esta manera es una enorme suerte y no debemos desaprovecharla los sanitarios.

Este fin de semana ha sido un episodio de pérdida de conocimiento por parte de un jugador de fútbol famoso tras un un traumatismo cráneo-encefálico (Torres, del Atleti). En décimas de segundos, sus ansiosos compañeros estaban a su lado en el suelo intentado que “no se tragara la lengua” y por el camino zarandeando su cabeza. A pesar de su tremenda buena voluntad (tienen toda mi simpatía), su desconocimiento puso en grave peligro la salud y hasta la vida del compañero inconsciente. Si hubiera tenido una fractura vertebral (posible tras un choque con caída así) podrían haberle seccionado la médula.

Desde entonces se ha vertido mucha tinta…

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28 Media Maratón Siero – Agus

Dudas. Muchas dudas. Enormes e inmensas dudas previas a la carrera. ¿Calcetines negros o amarillos? Dios, qué dilema. No puedo con tanta presión!!!

Meses para pensar qué hacer, y a apenas 10 minutos del comienzo de la carrera, sigo sin saber qué hacer. En pleno calentamiento (!si, calenté!) dándole vueltas aún a la cabeza… ¿Ritmo “cómodo” de 1h35′ o me la juego pegándome a la liebre de 1h30′ a ver si hay opción de romper por fin esa barrera?

Ahora, a toro pasado, está claro que la duda más realista era la de los calcetines. La otra debería haber estado entre hacer 1h40′ “cómodamente”,sufrir como un perro para rondar la 1h35′ o tirarme directamente por un barranco. Ésta última opción es la que menos sufrimiento me acarreraría.

Zona de salida. Muy poco ambiente (baja participación) pero bastante gente conocida: Eli, al que vi nada más bajar del coche, Javi Vigón, con el que charlé un rato, gente de Correr Asturias, algunos de ellos dándole un último empujón a la iniciativa “Déjame tus piernas” (todos esperamos esa gran noticia hoy, aún no se sabe nada!?), entre ellos Eduardo, al que a partir de ahora sí reconoceré… están también Tano, Eloisa… en fin, muchos de los de siempre. Y ya calentando aparece el héroe del día, Álex Alonso, que ya lleva 10 km antes de empezar la carrera, el tío.

Arrancamos, y las dudas, si cabe, se multiplican. Me pego a la liebre de 1h35′, pero claro… la de 1h30′ está ahí mismo, y uno es débil… voy a ir a por ella a ver qué pasa. Abajo el conservadurismo! Viva la locura! Quién dijo miedo??? El diablillo, de pie en mi hombro derecho, me clava el tridente y me obliga a jugármela.

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Foto de Capitan Pola. Al ataque mis valientes!!!

Efectivamente, nadie dijo miedo. Lo que, afortunadamente, alguien dijo pronto, en poco más de 1 km fue: no tendrás miedo, pero fuerza tampoco, colega. El angelito, sentado en mi hombro izquierdo, a pesar de estar tocando un solo de lira, estaba atento a todo lo que estaba pasando:

– ¿De verdad tío? ¿En serio? Vas a intentar hacer algo que no has conseguido hacer AÚN en ningún otro sitio, justamente aquí, en la medida maratón más dura de Asturias? ¿En serio, cabezón? ¿De verdad que no ves lo que va a pasar?

Mierda. El cantautor éste lleva razón. Veo perfectamente lo que va a pasar. Aunque duela… una vez más, bye bye 1h30′. Mirada hacia los lados, mirada hacia atrás… y me abro hacia la cuneta y bajo a un ritmo más cómodo, a ir dejando que poco a poco me coja la liebre de 1h35′. Cosa que ocurre no mucho más allá, en torno al km 5. Es un grupo tirando a grande, con más de 40 corredores.

A todo esto, llevo un rato fijándome en un reciente conocido, el “oriental”, que va algo por delante, pero al que cada vez me voy acercando más. Otro con un mal día. Debería ir mucho más adelante.

Y a pesar de ir metido en el grupo, a un ritmo que supuestamente puedo ir sin problemas… la comodidad no me dura ni 1 km. ¿¿Pero esto que eeeeiiiiiiiieeeeesss?? Empiezo a pasar mucho calor. Gracias al niño Jesús que salí sin la térmica debajo. Llegamos al primer avituallamiento. Mi técnica cuando hace calor en éste tipo de carreras es:

  1. Trago
  2. Mojar cuello
  3. Mojar hombro derecho y hombro izquierdo (¿mojaría al diablillo y al angelito?)
  4. Mojar cuádriceps derecho e izquierdo
  5. Trago
  6. Trago
  7. Tirar la botella
  8. Al lío!

No vale otro orden. Éste es el único que funciona. Echo un vistazo al grupo. De los más de 30 que iban hace poco no quedamos ya más de 10. Anima. Yo iré mal, pero los demás, van por un estilo o peor. Mi grupo caza por fin al “oriental”, que poco a poco se va viniendo abajo. Es oriental porque es del oriente… de Asturias. No asiático por si alguien lo pensaba. No es otro que José Antonio (Suarías, pa que quede claro). Le animo a que se agarre a la cola del grupo conmigo, pero me comenta que va muy mal, y se queda atrás poco a poco.

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Foto de MV Foto. Foto de principio de carrera… no encuentro intermedias!

Ya hace un rato que solo tengo en mente el km 9. El repechaco del km 9. Hay que llegar allí con la liebre como sea. Pero qué va. Llego al inicio ya con unos metros perdidos, metros que en la subida, por supuesto, se amplían. Es mi despedida definitiva de la liebre de 1h35′ en ésta carrera. Hay que joderse. El año pasado, terminando éste mismo repecho, recuerdo haberme quedado yo solo con la liebre, y esperando para no irme solo… y éste año… soy yo el que se queda atrás sin poder evitarlo. La vida es así… un día estás aquí, y al siguiente… sigues estando aquí, pero con otras condiciones.

Hasta mitad de carrera, en Vega de Sariego, sigo perdiendo tiempo… la virgen, qué tostao voy. En ésta zona me adelante quien será mi referencia de ahora en adelante, un chaval al que conozco de vista. Y además… oh, sorpresa!!! El oriental me vuelve a cazar. Me dice que tiene un gemelo tocado. Qué suerte, pienso yo. Yo no puedo escudarme en nada, simplemente la cosa hoy no va. Ni siquiera la uña del pie que anda tocada me está dando problemas. Es el momento de joderme, ¿¡a qué esperas!? Al menos tendría excusa…

Buenos, al menos sé que la segunda mitad de la carrera es algo menos dura. Y te vas cruzando con los que aún vienen, cosa que te distrae, sobre todo cuando ves a gente conocida. Intercambias ánimos y saludos y sigues adelante.

A todo esto, el oriental, tras ir juntos un ratín, con su ritmo aparentemente tranquilo, pero machacón, me deja atrás en el segundo repecho de la vuelta. Encima, de aquí en adelante, haré ya toda la carrera solo. En plan Robinson Crusoe. Vaya crisis. Como siga así me caza la liebre de 1h40′. Y a todo esto, mi referencia sigue ahí delante, a un par de conos de distancia. 50 metros? 70 metros? Yo qué sé. No soy capaz ni de calcular cuántas pesetas son un euro. Me concentro simplemente en que no se me vaya más lejos.

Y concentrarme en eso fue mi salvación. Km 13. Segundo avituallamiento. Mismo procedimiento que en el anterior y, además, me tomo un gel. Y sigo fijo en mi referencia. Se está resistiendo, ni le recorto nada ni se me escapa. Pero veo que la cosa empieza a funcionar. Sufro, pero avanzo, a un ritmo ya serio, y la prueba es que comienzo a adelantar a mucha gente. A todos menos a la jodida referencia, que sigue a la misma distancia. Estamos clavando los tiempos.

Kms 14, 15, 16, 17, 18… Voy a muerte. me da igual el calor, me da igual el terreno. Adelanto a bastante gente, incluido a todo el grupo que iba con la liebre de 1h35′. No está allí la liebre. Me dan igual toda esa gente. Todos me dan igual, excepto la maldita referencia, que sigue delante a 50 metros! Aaaaaaarrrggghhh!! No puede ser!!! Estoy clavando km, con estas cuestas, entre 4’10” y 4’15”, y no le recorto ni un miserable metro! Voy ciego y rabiao. Hace ya tiempo que el diablillo y el angelito están sentados en el mismo hombro, asustados, viendo el espectáculo, y viendo como casi echo espuma por la boca. En el avituallamiento, casi ni bebo. Me tiro la mayoría por la cabeza. Me lo como. Por mi madre que me lo como!! El objetivo único en mi vida desde éste momento es cogerle como sea, por lo civil o por lo criminal, así no pueda volver a caminar en una semana! Cuando vas con tanta fijación y con tanta determinación, nada ni nadie puede pararte.

Nada ni nadie salvo, por supuesto, tú mismo. Km casi 19. Pillo un repecho. El “último”. Tengo la referencia algo más cerca, así que subo éste repecho a morir. Lo doi todo. Llego arriba echando el hígado, pero lo tengo a tiro. Ya eres mío, muñeco. En la entrada a la Pola te destrozo. muaaaAAJAJAJAJAJA…

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Foto de Pedro Pablo Heres. Concentración para sobrevivir al verdadero último repecho

De repente, se me cae el mundo encima. Sorpreeesaaaa! La euforia y las ganas hacen que, aún conociendo perfectamente esa carretera, me haya equivocado. No era la última cuesta. Era la PEN-última. Y la comienzo totalmente roto, vacío. Tonto, tonto! Y la referencia se va, se va… se fue. Tanto pelear para esto. Pero bueno, esto es así. Aún saco ganas para posar para la foto de Pedro Heres… y entramos a la Pola.

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Foto de Pedro Pablo Heres. Humor a pesar de acabar de meter la pata hasta la oreja. Con dedicatoria incluida!

Viendo que ya no puedo cazarle me dejo llevar tranquilamente hasta meta sin forzar… ¿Seguro? Hagamos una prueba. Agus dice que a final de carrera ya no forzó, y el polígrafo (pum, pum…) dice que… (pum, pum… pum, pum…)… MIENTE COMO UN BELLACO!

Recupero aire como puedo en la zona de las piscinas, y en cuanto enfoco la bajada del auditorio… me lanzo en picao. En la subidina de la Pola adelanto a un chaval… curva, curva, y recta de meta, en bajada. Sonrío para las fotos, calculo la distancia para lanzar el sprint y… a volar! Adelanto a 4 por la derecha y sin intermitente, veo entrar a mi referencia, y a los pocos segundos entro yo exactamente en el puesto 100! Tardo un par de segundos en parar mi cronómetro. Marca 1h35’03”. Joder, ¿en serio, hombre? ¿No podría bajar de 1h35′, a modo de premio? Tuve que sudar sangre! Casi 3 minutos más que el año pasado, y sufriendo mucho más… madre mía.

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Foto de MV Foto. Bajando a romper hacia meta!

Hablo con el oriental, que aún me sacó 1 minuto y medio (vaya crack), y que sí fue capaz de volver a coger a la liebre. Yo ni la ví…

Después poco más. Como siempre, buena organización post-carrera. Fresas, macedonia, chocolate, bizcochos… y una toalla en lugar de camiseta (buen detalle para los que ya tenemos unas 1.000 camisetas). Salgo rápido porque tengo a Javi esperando, que vino a verme a la meta… o que vino a ver el fútbol… o a comer… a lo que fuera, pero ahí estaba. Se agradece!

Luego nos fuimos a tomar algo mientras nos deleitábamos con el equipazo que tiene éste año el equipo de la orilla del Piles (poderosa delantera…). Y a comer! Pedimos fabada y… eh señora! Hay un jabalí en mi comida! Fabes con jabalí!!! Cuando acabamos la perola podía volver a usarse, sin falta de lavarla…

Fin de otro gran día. Contento porque conseguí reponerme al hecho de estar vencido, y a un sufrimiento que hacía tiempo que no sentía, un sufrimiento continuo, no intermitente, como pasa en las carreras de montaña.

Ahora ya, más tranquilo, sin nada hasta el 2 de abril (Storm Race Corvera), en la que será mi 9ª OCR. Así que hay tiempo para preparar la segunda parte del año, con la Ruta de los Marineros, Babia Sherpa Tour, La Batallona… como objetivos principales hasta julio. Además de, por supuesto, el reto del 23 de abril, reto en el que, si todo va bien, Álex Alonso me dejará a la altura del betún. El que no sepa de lo que hablo… de momento, se queda con la intriga!!!

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Álex, genio y figura!

Hablando de Álex… ese crack que en la 28 media maratón de Siero se metió más de 30 km… y al que, precisamente, conocí en ese mismo lugar en la 26 media maratón de Siero, hace 2 años. Así que, estamos de aniversario!!! Cómo alguien que de primeras ni te va ni te viene puede acabar convirtiéndose en imprescindible. Aunque una de sus aficiones sea reírse de mis desayunos los días de carrera, sé que el aprecio es mutuo. El 23 de abril conseguiremos una postal para el recuerdo, entrando juntos en meta!!!

Todos a entrenar!!!

Trail de Gijón – Agus

Gijón, Camping de Deva. Domingo 26 de febrero de 2017. 8:15 a.m. Ya recogí el dorsal el sábado, pero aún así, llego con antelación para no tener problemas para aparcar. Pero parece que hay aparcamiento de sobra para todos.

Acompaño a Luis, que ha llegado casi a la vez que yo, a por su dorsal, y allí me llevo una grata sorpresa. Además de bastantes caras conocidas, en el listado de inscritos veo a Marcos, mi compi en el maratón Montes Torozos, en Valladolid, sin el cuál ese día habría sido ya de un sufrimiento exagerado (y ya lo fue, sufrimos lo suyo…). Recuerdo de ese épico día, entrando en meta:

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Agonía en esa carrera… pero la llegada siempre es especial. La sonrisa sale sola, aunque no puedas ni andar.

Vemos a Sonia y a más gente de “Déjame tus piernas”. Una vez más haciendo una labor encomiable. Esperemos que consigan esa silla de ruedas adaptada a montaña que tanto ansían y que tanta felicidad le va a dar a esos chavales! Dejo éste enlace por si alguien puede votar para ésta iniciativa. 5 de marzo último día, por favor, un último empujón. Se puede conseguir mucho a cambio de nada!!!

Vamos a la salida, nos colocamos hacia delante y… salida!!! Adelantamos por la cuneta lo que se puede y comenzamos el primer repecho. Aquí ya localizo a Marcos, fácil de localizar, con su forma de correr inconfundible y siempre con gorra, como yo. Y hay que echar a caminar ya. Mierda! Ya me engañaron! Me dijeron que todo el recorrido era de correr, caminar prácticamente nada, y en el primer kilómetro ya empezamos. Después el camino se estrecha hasta que solo cabe una persona de cada vez. Eso y el barro hace que, otra vez, todos subamos andando. Al menos no es por el desnivel. Veo que tanto Luis como Marcos vienen pocos puestos por detrás. Todo bien.

Después de un buen tramo con bastante barro, ya empieza mi terreno. Caminos anchos para subir, no muy pendientes, sube, baja, sube, baja… voy muy cómodo. Miro atrás y ya no veo a Marcos ni a Luis, aunque no deben andar muy lejos fijo. Sobre todo Luis. Suele subir mejor que yo. Y aún queda mucha subida, me coge fijo, así que sigo adelante.

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Zona del observatorio

Km 7,5. Salimos de un camino ancho y cómodo y nos topamos con un señor cuestón de cemento. Me gritan mi nombre, y me animan con ganas. No me suena la voz. Levanto la cabeza y veo a un chaval agachado al borde del camino haciendo fotos. Ni la más remota idea de quién es. Me grita un par de cosas más. Se agradece mucho el ánimo, pero se va uno incómodo. Te conocen perfectamente y a tí ni te suena. Cago en… qué rabia!!!

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Foto de Eduardo Rus Carretero. No te conocía macho…

En torno al km 11, en plena bajada hacia el segundo avituallamiento, un chaval de Esportate me adelante y me dice que hace ya como 4 km que adelantó a Luis. Parece ser que no está teniendo un buen día.

Termino la bajada a buen ritmo, aunque no a tope. y llego al avituallamiento, en el km 13,5 aprox. Como un par de nueces, medio plátano y bebo tranquilamente. La experiencia dice que no merece la pena beber casi atraganto y salir escopetao. Calma. Esto es largo, pero duro, como dice el gran Perico Delgado.

Salgo de allí y hay un laaaaaaaargo, pero duro, repecho. Me fío de Luis. Me había comentado que se podía subir trotando. Veo que todo el mundo sube andando… pero tengo fe ciega en el Capitán…

Tenía. Menuda rampa, larguísima! Yo creo que subieron corriendo los 4 ó 5 primeros. Bua! Me dice una voluntaria llegando arriba que vamos en cabeza. Si si. Será que vamos de cabeza más bien!

Paso por el punto intermedio de corte en 1h28′. No sabía si iba bien o mal, pero iba con muy buenas sensaciones.

Después, otra bajada rápida y vuelta a subir por última vez para al km casi 19, donde está el tercer y último avituallamiento, en lo más alto. Desde allí quedan solo en torno a 5 km de fuerte bajada hacia meta.

Toda esta subida la disfruté. Vi que me encontraba bien y fuí adelantando gente sin parar. Poco a poco, sin exhibiciones pero a buen ritmo. Como siempre, diesel. Se agradecieron los ánimos de un par de compatriotas de Lugones que andaban por allí. Y cuando intuyo que ya estamos llegando al avituallamiento saco el único gel que llevaba para irlo tomando… y lo vuelvo a guardar. Ante mí aparecen las famosas charqueras donde el año pasado hay fotos hasta de cocodrilos (ver perfil de Tote…). Paso la primera, vuelvo a sacar el gel… y lo vuelvo a guardar. Hay varios charcos. Paso lento rezando para que los playeros me sigan acompañando al salir de allí. Nada, sin problemas, aunque pasando con menos estilo que un chimpancé con katiuskas.

 

 

Por fin salgo de allí y veo que puedo tomar el gel. Lo saco, lo abro, lo pongo en la boca y veo que al fondo se ve un pasillo de gente. Bien, público!!! Y de repente… misma voz de antes!!! Agus!!! Que te veo!!! Arriba!!! Y yo, que le veo la cara perfectamente, vuelvo a pensar… pero quién coño es??? Es que ni idea! Me vuelve a sacar fotos, con el gel en la boca me hice toda la subida, para tirarlo en el avituallamiento.

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Foto de Eduardo Rus Carretero. Animaste a los corredores y a que toda la gente que había allí nos llevara en el aire para subir esa cuesta!

Y llegada al avituallamiento. Misma táctica. Beber para tragar el gel, medio platanín, un par de comentarios con los demás… y abajo! Me pongo a comandar todo el grupo, es una bajada buena para mí, fuerte… aunque demasiado técnica y con bastante barro. Y paso de liarla, así que nada. Calma! Bajamos por una bajada de Mountain Bike, con saltos muy guapos pa sacar fotos, y llegamos ya a zona de cemento y asfalto. Bajada muy pronunciada, donde suelo rendir bien, pero la puñetera uña ya me estaba avisando, así que bajo más o menos tranquilo para no forzarla. Suerte que me uní a otro chaval y nos hicimos los últimos km a buen ritmo pero hablando, haciéndolo más llevadero.

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Foto de Luis Ardura. Plácidamente hacia meta.

A falta de 2 curvas veo a mis padres y a Sonia a lo lejos. A mí Sonia (tengo que buscaros un apodo a las 2 para diferenciaros). Me presta. Aplauden y una vez más me ven llegar fino a meta, sin estar destrozao.

Encaro recta de meta y… otra más! 2h27’43”. Tiempazo que no me esperaba. Yendo fuerte, solo aflojando un pelín en las bajadas, y el cuerpo respondiendo bien, a la distancia y al terreno.

Como algo, me limpio los pies en unas mangueras que pusieron (por cierto, gente del personal del camping sacando nuestro barro a paladas de las alcantarillas… que gochos somos!)… y voy a esperar a Luis.

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Es lo que tiene la fama… no te dejan intimidad para nada…

Veo que Marcos ya ha llegado y voy donde mis padres y Sonia. No estuve muy atento entre una cosa y otra y no sabía si había llegado Luis, aunque imaginaba que sí… y me dicen que no. Hostias! Pero si yo llegué hace los menos 15 minutos… reconozco que me pongo algo nervioso en ese momento. Por muy delante suya que llegue, no es lo normal. Él sube bien, yo no. Ya empieza la cabeza a dar vueltas… cago en… un día que decido tirar p’alante… a que justo hoy, pasó algo… Estoy allí un poco sin saber muy bien qué pensar… y aparece una camiseta amarilla a lo lejos… la madre que lo parió… ahí viene. Qué alivio, joder!!! Pasa por delante con una cara que yo, personalmente, solo me ví en Balmori el año pasao. Pasa meta y voy con él… se apoya en una valla, reventao totalmente… pero una vez más, en meta, con sus dos coj…! Al parecer, mal desde el principio, con el día totalmente cruzado… pero allí está. Qué tío! Una vez más demostrando que un Motopollo nunca está vencido!

Después de ducharnos (agua caliente!) aún estamos pendientes de Sonia, aunque la vemos llegar bien y sin ningún problema (y viendo sus fotos, seguramente haya sido la persona que más disfrutó de la carrera), y estamos esperando noticias de Diego Merín. No le vemos ni sabemos nada de él. Tenía miedo de no pasar el punto intermedio de corte a tiempo, y la verdad que a todos nos fastidiaría. Al poco Luis se entera de que sí pasó el corte, pero no le vimos en meta… y de repente… ahí está! Ya había entrado, ya andaba por allí tranquilamente, sobrándole más de media hora! Hablamos con él… sonriente, comentando que en una caída avanzó 15 metros, tan campante… muy grande!!!

Luego podium, sorteo… y listo. Hasta otra! Aunque el día dió para más. Comida allí mismo con mis padres y Sonia, muy buena además. Todo un descubrimiento el camping, sí señor!

RESUMEN: De las carreras de montaña que más me gustó. Muy buena para mí. Sin desniveles bestias. Correr y correr y bajadas más o menos cómodas. Ideal, y así me salió de bien. Y gracias a que fuí a la charla del día anterior, pude aprovechar un gran consejo. El chaval que la daba, el organizador, nos dijo que en dos puntos del recorrido levantáramos la cabeza. Que a veces se nos olvida. Y es verdad. Vas concentrado y no miras nada. Pero podía ver tooooooodo Gijón y mucho más en panorámico. Y aunque no soy muy de esas cosas, la verdad es que tenía razón. En los dos puntos me di cuenta y tenía razón, una gozada las vistas!

Y ya, hoy mismo, aunque no tenga nada que ver… hicimos aparición por Avilés para correr la carrera por la igualdad, carrera NO COMPETITIVA de menos de 4 km, en el que a los 2 primeros que llegaron a meta, hombre y mujer les dieron un obsequio (¿no competitiva entonces? ¿Perdón?). Un gran sorteo, cañina… y pa casa. Buena forma de pasar la mañana, sobre todo cuando llegas allí y te encuentras a grandes personas como Manu Sainz y Diego Merín.

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Y ahora… pues a dormir, y mañana en pie, porque a las 10:30 hora local, llega la Media Maratón más guapa de todas las que corrí hasta ahora (Ribadeo anda ahí ahí en el ranking…). Pola de Siero-Sariego-Pola de Siero. Poca participación, pero muchas ganas. Aunque el objetivo de bajar de 1h30′ ya lo abandoné hace tiempo… veremos lo que se puede hacer. “Disfrufrir”… eso seguro!!!

PD: Eduardo Rus Carretero… mañana hacemos las presentaciones formales, que esto no me pasé más eh!!

Trail Cabeza L’Arcu – Agus

FRACASO ABSOLUTO de las previsiones meteorológicas. ÉXITO TOTAL de éste nuevo trail en el calendario. La lluvia y el frío que se esperaba se quedaron agazapados detrás de las montañas viendo cómo disfrutábamos de un día espectacular para correr.

Salgo de casa con tiempo (una vez de vez en cuando no está de más), así que puedo ir conduciendo con toda la calma del mundo. Cielo totalmente despejado. La mayoría de los coches que me encuentro tienen el mismo destino que yo: Caleao.

Llego allí con muy buena sensación. Por el tiempo. Porque estamos en el Parque Natural de Redes, otra vez. Por no llegar apurao. Por ir descansao… hoy los astros van en fila india, uno detrás de otro.

Voy al prao que nos dejan como aparcamiento. Gran detalle de algún vecino. Tengo ya ganas de salir del coche y darme una vuelta, y al entrar al prao… ZZRAAASSSSS!!! Golpe abajo. Me cago en mi vida! Al carajo las buenas sensaciones. Pur qué? Puuurrrr qué??? Se me arrima un chaval que pasaba por allí y me gira la cabeza poniendo mala cara como diciéndome: “Bravo chaval, muy bien; ya hiciste el día.”

Bueno na, ahora ya está. Aparco donde me indica muy atentamente un voluntario, y me tiro de cabeza a mirar el morro del coche. Bueno… pues… yo… no veo nada… NO VEO NADA!!! OUUUU YEAH!!! Parece que el sol calienta incluso un poco más!

Voy a recoger el dorsal. Llego casi sudando, menudo repecho… repecho que, precisamente, había que subir al final para entrar en meta… Encuentro por fin a Luis, y algunas caras conocidas. Muy buen ambiente, y muy buen montaje por parte de la organización. Hacemos las fotos de rigor y al poco estamos en la salida, esperando con las ganas de siempre.

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Antes de la salida. Actos habituales de hermanamiento con buena gente!

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El equipo, listo y preparado para hacerse notar

Nos avisan de que el tramo de bajada está muy peligroso y… a volar!!! Salimos con todo el tropel, y como suele pasar cuando dices eso de na, voy tranquilo, salgo controlando y ya voy viendo… lo que haces es lo contrario. Me tiro como un kamikaze por las calles de cemento de Caleao y entramos a las caminos embarrados en torno al puesto cuarenta y algo calculo. Poco después, cuando me doi cuenta de que estoy haciendo el animal y aflojo un poco, me atrapa Luis, pensando que si estoy chiflao. Pues bueno, sí, después de tanto tiempo sin correr por montaña necesitaba sentir ese picor en las piernas, aunque sabía que luego lo iba a pagar.

Y aquí, al poco de comenzar la carrera, ya tenemos que hacer mención a la misteriosa Señora Z (también le pega bien Señora F, de Faltosa). Esta mujer, que a la postre sería la ganadora de la carrera, es el no va más de deportividad. Que educación, qué saber estar, qué respeto a los demás… qué poca falta hace la gente así en éste mundillo.

Entramos en situación. Un camino estrecho, en el que solo cabe una persona. En bajada, en bajada rápida. Totalmente embarrado, se resbala. Entre árboles, con curvas pronunciadas. Cualquiera sabe que ahí no se puede parar, y que no tienes dónde meterte. Pero la Señora Z no parece entenderlo. Bajo yo delante. Luis justo detrás, y luego un grupo de gente. Y en ese grupo, la señora Z. Se empiezan a escuchar cosas del tipo paso, voy, paso, a verrr… No sé cómo, llega a ponerse justo detrás de Luis. Las peticiones de paso se empiezan a convertir en faltas de respeto. Protesta, rechista varias veces e incluso… le da a Luis en un pie con uno de sus bastones para pasar! Verídico eh. Me toca a mí con el bastón y se lo lanzo al río, pa que proteste por algo. Tropiezas por eso y te desgracias allí. Luis le espeta: si quiere ir más delante, haber salido antes. Con toda la razón del mundo. F-A-L-T-O-S-A. Todos estamos en carrera, tenemos el mismo derecho. Yo soy el primero que, cuando siento venir a alguien, me aparto dejándole el lado bueno, pero CUANDO NO SE PUEDE, NO SE PUEDE.

Y bueno, en una curva nos paramos y la dejamos pasar. Que corra. Se termina ese tramo y pasamos a caminos más anchos, de sube y baja. Volvemos a adelantar a la Señora Z, sin forzar de más. Tanta prisa como tenía.

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Aaaaaarriba el morro!

Aquí ya pago la salida tan eufórica que hice. Luis se me va, sin poderlo evitar, pero después de unos cuantos repechos veo que le tengo cerca y me cebo en cogerle. Cosa que no se debe hacer, peeeeeeero… somos así. Le atrapo justo donde hay un repecho gordo y donde nos sacan una buena foto.

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Ahora parece que yo voy mejor. Empezamos a subir ya más continuo, tramos de trote y de caminar ya, con rampas ya de nivel. Tiro tiro tiro, con Luis cerca hasta que… se me acaba el gas y tengo que hacer una “paradinha”. Me pasa Luis, me pasan varios más, hasta la Señora Z, que ahora al menos no viene protestando. En los tramos donde hay que ir caminando es donde peor voy, se me escapa hasta el gato. No llevamos ni 6 km y parece que llevo 18. Me faltan muchos kilómetros por montaña. Y la mejor manera de ir cogiéndolos es empezar por hoy, ahora mismo, así que arriba! Empieza a aparecer algo de nieve a la vera del camino, y yo voy tostao… solución: nieve por el cuello y dentro de la gorra. Algo refresca.

Llegamos a la cima. Nieve! Por primera vez para mí, piso nieve en una carrera.

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Llegada a la cima, totalmente disecao

Avituallamiento… y abajo!!! Mantuve a Luis cerca como pude, a la vista, y ahora llega mi parte buena, así que me lanzo a la bajada y poco después ya me uno a él. Un par de kilómetros de bajada más técnica y complicada, me dejo llevar y le saco un poco, pero más adelante, cuando veo que empieza a haber rocas más resbaladizas y que no viene muy lejos, aguanto hasta que llega. Siempre es mejor ir en compañía, por lo que pueda pasarle a cualquiera. Aunque la bajada no está mal. Nos dijeron que cuidado, que había mucho peligro, pero la verdad es que yo bajé por sitios mucho peores. Y de aquí hasta meta, juntos (Pili y Mili como él dice). Hacemos bastante rápido la segunda parte de la bajada, ya más fácil y rápida, cruzamos el río y hablando hablando llegamos nuevamente a Caleao.

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El salmón y la trucha, dos buenos amigos (la trucha es el de detrás…)

Y listo. Entramos en el pueblo y hay que volver a subir hasta donde estaba la salida. Pero ya qué más da. Pueden poner una pared, que se salta. Cuesta de cemento, curva, cuesta de cemento, curva… la gente que ya termino la carrera ya está bajando y animándonos… y cuesta y curva y… meta!!! Puestos 62 y 63 de 240.

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3 segundos de diferencia, como dicta la clasifiación…

Y hala!!! Otra a la saca, y a comer… pastelitos de chocolate, pastelitos tipo pantera rosa, gominolas, kikos, cacahuetes, fanta de naranja… vamos, lo ideal pa deportistas sanotes como nosotros. Esperamos a que llegue Sonia, sonriente como siempre, y nos vamos a cambiar de ropa para ver la entrega de premios y el sorteo de dorsales para el maratón Tierra del Agua, que seguramente se celebre en septiembre.

Aquí mencionar a José Dos Santos, que renqueante como anda nos saco 15 minutos a nosotros y consiguió ganar, por enésima vez, la clasificación en su categoría de edad. Bravo!!

Y mencionar también, como no, a mi admirada Señora Z. Sube al podio, ganadora de la categoría Senior… y ni siquiera felicita a la segunda y tercera clasificada. Otro aplauso para ella, por favor!!!

Y llega el sorteo. 5 dorsales para 5 afortunados/as. Sale 1… nada. Salen 2… nada. Salen 3… nada… Salen 4… nada… qué raro. Sale el quinto y último. Número 74. Yo tengo el 137… por qué poco!!! Pero Luis… tiene el 73!!! El 74 no está, y pa no sortear más, se escoge el número que va por debajo… jajajaja, de lleno!!! Nadie se lo merece más!! Ahora a entrenar como un búfalo.

Y se acaba la historia… o no… me meto en el coche, con el prao embarrao aparentemente seco. Marcha atrás. El coche agarra perfectamente. Primera y adelante. El coche no agarra ni lo más mínimo. Varios intentos, y nada. Y el coche de detrás, lo mismo. Cojonudo. Menos mal que el Capitán está atento. Llega Luis con su fuerza poderosa, y empujando el coche ÉL SOLO consigue ayudarme a sacarlo de allí. Poco más y lo quemo. Pero salió. Y por suerte las secuelas más graves son que ahora tengo barro hasta en el techo. Emoción hasta el final!

Y de tarde… a soltar patuques por Gijón con Sonia. Demasiada pateada para mi gusto, pero bien, para completar un gran día!!!

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Y por último, 2 comentarios del Maratón de Sevilla de éste domingo. El primero para dar la enhorabuena a Paula Berodia, esa gran atleta que a todo el mundo le cae bien, que ganó el maratón en categoría femenina con un tiempo que a mí me marea solo el pensarlo. Enhorabuena!!

Y el segundo para dar la enhorabuena a todos los que han participado, aunque no hayan logrado terminarlo. Que sé que hay que tenerlos en su sitio solo para ponerse en la salida. Y en especial la enhorabuena a Pedro, compañero del equipo asturiano Noteoxides (compañero, pero no le conozco personalmente) que tuvo que sudar sangre para cruzar la linea de meta. Adjunto enlace del twitter de Corriendovoy donde se puede ver el video. Entrando en el estadio de la Cartuja, a 200 metros de meta… ahí está el hombre, peleándose con sus isquiotibiales. Enhorabuena, sé que al final lo lograste!! Ya se levantó bastante debate sobre qué hacer y qué no hacer cuando a alguien le pasa algo así, así que no voy a comentar nada más. Alguien que entrena duro tanto tiempo para algo así se merece poder disfrutar de esos últimos metros de gloria, seguro que para la próxima lo logras.

Y esta semana estaré en Gijón, en una carrera que aún no he hecho y de la que todo el mundo habla maravillas. A las 9 arrancamos del camping de Deva y nos esperan 24 km de montaña no muy dura. Así qué… a por otra!!