Rock’n’Roll Maratón Madrid 2017 – Agus

Por el Arco del Triunfo. O en éste caso, estando en Madrid, sería más propio hablar de la Puerta de Alcalá. Llamémoslo “J”. El caso es que por ahí es por dónde yo me pasé mis límites en éste maratón.  Por la “Puerta de Alcalá”.

2. Puerta de Alcala

Las horas previas al maratón fueron tranquilas, y en ellas seguí mi rutina habitual antes de las carreras. Mientras otros maratonianos tomaban algo sentados tranquilamente en las terrazas de Madrid, aprovechando de vez en cuando para, discretamente, estirar los gemelos (postureo…) y lo que se terciara, yo prefería caminar sin parar de un lado a otro. Y mientras otros cenaban sus platos de pasta o paella con agüina de la fuente yo me decantaba por unos huevos rotos con jamón y patatas fritas en la bendita Plaza de San Miguel. Con su cervecina, obviamente. ¿Con qué va a ser si no? ¿¡Cón horchata!? ¡Eso sí que sienta bien!

Y llegó la noche, y proseguí con el punto clave de mi rutina habitual: no dormir un carajo. Hostal bueno, bonito y barato. O bueno… más bien… barato, barato y… barato. Y así nos fue. A la cama algo más tarde de lo debido, como siempre, y luego… la selva es silenciosa al lado de ese hostal. Tarzán era un privilegiado. Claridad que se colaba por la ventana, por la rendija de la puerta, por un cristal translúcido que daba a otra habitación… discusiones en el pasillo a las 4 y pico de la mañana, que me hicieron incluso pensar que iba a tener que salir a echarle una mano al recepcionista, que llega gente con unas melopeas que mete miedo…  ruidos de los baños, que al ser baños compartidos, entraba bastante gente…¡Qué desesperación! Aunque sé yo de una que durmió plácidamente pasando de todo… igual también estar nerviosillo sí que me afectó algo.

El caso es qué no me hizo falta despertador. Bastante antes de las 7:30 (hora inicial de ponerse en marcha), yo ya estaba hasta los mismísimos de estar en la cama, así que me levanté y me puse a desayunar. Me embadurné de vaselina (sabia decisión), y me sobró tiempo, ya que había quedado con Álex a las 8:30 para ir ya juntos a la salida.

Y eso hicimos. 5 minutos después, allí estábamos, en los cajones de salida, junto a Neptuno, con casi media hora de sobra. Como todos los que nos conocen bien se imaginan, aprovechamos para calentar a tope. Un despliegue de ejercicios y posturas digno del mismísimo Kenenisa Bekele… vamos, que lo único que calentamos en toda esa media hora fue la lengua de hablar y comentar sensaciones, pensamientos y demás.

Mucho antes de salir ya llega la primera mala señal. La liebre con el globo de 4h estaba lejos de nosotros, en principio. Cuando se iba a dar la salida, ya nos había recortado terreno. Qué triste. Sin empezar, y ya la tenemos encima. ¡Esto promete!

¡¡¡PUUUUMMMM!!!

Tras la salida de los élite, nos llega el turno a la plebe. PETARDAZO, YYYYYY… AAAA ESPERAAAAARRRR!!  Menudo a atasco. Nos tiramos todo el Paseo del Prado caminando hasta Cibeles, donde está el arco de salida. Salimos al fin, enfocamos  Recoletos, Colón y la Castellana. Pasamos por delante de la Central Térmica de Aboño… quiero decir, del  Bernabeu, pasamos entre las Torres Kio y damos la vuelta justo debajo de las  4 Torres. Todo esto a ritmos alrededor de 6’ el km. Entre la subida, que te quieres controlar y el atasco monumental que hay…

Hasta el km 11, apenas se puede correr con comodidad. En el km 14, cuando maratón y media maratón se separan, es donde parece que se coge aire. A todo esto, Álex y yo, vamos tranquilamente, de momento muy bien, hablando y haciendo el tonto, básicamente. Dedicándonos a intentar encestar las botellas y los vasos en los contenedores sin parar de correr ni de reírnos. Álex encestó una de lejos. Yo una triste bandeja. Si correr ya no es lo nuestro, el baloncesto ya se nos queda en otro mundo.

Nos estamos acercando a la zona más céntrica de Madrid. Kms 17-18. Yo sigo dándole la chapa a Álex, contándole batallitas de los otros maratones, y cosas que yo creo que funcionan, cosas que hay que pensar cuando llegue lo duro y pequeñas tácticas y trucos. Psicología, básicamente. Como si yo fuera un experto… Álex me comenta que empieza a ir algo cargado. Yo, la verdad que de momento, al  estar yendo más tranquilo que nunca, voy perfecto, está siendo una gozada. Así que intento animarle y seguir con mi charla… sin imaginarme que todas las cosas y consejos que le iba contando, y más que tuve que improvisar sobre la marcha, me los iba a tener que aplicar a mí mismo poco más de 1 hora más tarde.

Llegamos a la Gran Vía. Cruzamos Callao, por delante del mítico edificio Schweppes. Me parece increíble estar corriendo por aquí. Bajamos por la calle Preciados dirección a la Puerta del Sol. Y la entrada en ella es uno de los momentos que pase lo que pase en la vida, me llevo puestos. Voy a tardar muuuuuuucho tiempo en olvidar esa sensación. Bajando por Preciados se iba escuchando cada vez más barullo, además de música, ya que allí había puesto un escenario. Y de repente… un pasillo, como en el Tour de Francia. Un griterío enorme, filas y filas de gente abarrotando la plaza, y nosotros como hormigas por el medio. Solo hay sitio para 3 corredores de cada vez, como mucho. La gente se nos tira encima. Te hacen sentir importante. Me lleno de escalofríos. Intento decirle algo, no recuerdo qué, a Álex, que va justo delante, pero es imposible, no me va a oír. Así que me centro en disfrutar de aquellos pocos segundos de gloria. En Nueva York es verdad que la gente te arropa todo el recorrido, y a ratos te hace sentir alguien especial. Pero creo que en ningún momento sentí la misma sensación que en la Puerta del Sol. No me lo esperaba. Como ya digo, ese momento me lo guardo en mi álbum mental de “Mejores Momentos”.

Al salir de la Puerta del Sol, parece que te sientes vacío. De repente, hay casi silencio total. Dejo que se me vayan recolocando los pelos que se me habían puesto de punta y me preparo para ver por primera vez a nuestras FANS Nº 1. Km 20. Pasamos por delante del Palacio Real, y ahí están, Sonia y Laura para animarnos, grabarnos en video y con el agua en la mano. Tal como estaba hablado, yo le pedí a Sonia que me esperara con agua porque me iba a hacer falta. A mí el calor me machaca. Pero aún llego aquí bien. Estamos a la mitad y le digo que todo va perfecto, que guarde el agua para más tarde.

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Sí sí, a tí… te la dedico!

Pasamos por la mitad del recorrido con 1h55’28’’, dejando a la liebre de las 4h a distancia. Pero la cosa pronto iba a empezar a ponerse fea.

Poco antes del  km 26 nuestras mochileras vuelven a estar ahí, para animarnos. Vuelvo a rechazar el agua porque veo que hay un avituallamiento a 100 metros. Pierdo algunos metros con Álex al coger agua, como todas las veces (soy torpe perdido para eso) y veo que ya me cuesta más trabajo volver a llegar a su altura. Y la liebre nos recorta tiempo a pasos agigantados. Ya se les escucha detrás, muy cerca.

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Buena cara, aún…

Entramos en la zona de la Casa de Campo. Ya empiezo a tener esa sensación de que empiezas a correr un poco por inercia, pero aunque aún te encuentres medianamente bien, ves que la cosa ya no fluye tan fácil. Y quedan 15 km… uyuyuyuyuyyyyy… el que haya pasado alguna vez por esa sensación sabe la que se le viene encima.

Pero me resistía a creerlo. Hay que mantener la mente apartada de esos pensamientos. Km 30. Efectivamente, el tramo de la Casa de Campo se me está haciendo durísimo. Quedan 12 km y no tengo ganas de seguir corriendo. Ya aguanté mucho más de lo que debería, tras no haber entrenado nada desde hace más de 2 meses… esto es más que suficiente… pero hay que seguir. Es el primer maratón de Álex. Hay que ir con él como sea. Por si hay que echarle una mano y porque prestaría llegar a meta con él, qué coño.

Justo antes de salir de la Casa de Campo hay un avituallamiento. Llego allí preguntándome a mí mismo cómo tengo pensado capear el temporal. Justo aquí nos adelanta la liebre. Que le den. Tenemos margen para bajar igualmente de 4 h, ella no va por nuestro tiempo. Vuelvo a quedarme rezagado al coger agua, y  justo al salir del avituallamiento hay un repecho estrecho que hace que se me salten algunos remaches. Busco teleférico para subir, pero no hay. Me pongo pingando con el agua y bebo, porque empieza a hacer calor. Nada más pasar éste repecho, otra vez nuestras fieles seguidoras vuelven a estar ahí, y vuelvo a rechazar el agua otra vez. Aquí aún puedo poner buena cara (más o menos) aunque ya estaba viendo la que se me venía encima.

Seguimos y en el km 32 cruzamos el Manzanares. Yo casi no hablo ya, y el muro, ese mítico muro de los maratones… me acabo de estampar contra él. Me cuesta un triunfo seguir el ritmo de Álex. Y sé que el recorrido no hace otra cosa que picar hacia arriba hasta meta… la virgen, esto va a ser peor que La Matanza de Texas… Cruzando el río Álex me dice: “Mira, el Calderón”. Un campo de fútbol al lado de la cabeza y si no me lo dice, ni lo veo. Ya voy solo pensando en que los km vayan pasando como sea. Aquí hay otro avituallamiento de fruta. Cojo un plátano, como un bocado y lo tengo que tirar. Llevo la boca ya totalmente seca, no soy capaz de tragarlo ni bebiendo agua. Bebo todo lo que puedo y a los 2 minutos ya vuelvo a estar totalmente reseco. ¡Pájara, pájara!

Antes del km 34 vuelven a estar Sonia y Laura en el último punto pactado. Ahora sí, no solo cojo el agua, si no que suelto un gel y un bizcocho que llevo siempre. Total, no puedo ni comer, pa que lo quiero. Me quedo solo con 2 orejones, que es otra cosa que llevo siempre. Ya las hago partícipes de que el motor está a punto de tener que pararse por sobrecalentamiento. Pero hay que seguir.

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Agua, por Dios!

Justo después hay otro repecho. Éste sí que me termina de destrozar. El contador de revoluciones entra en la zona roja. Hago un esfuerzo titánico para juntarme con Álex. Llego a su altura y no digo ni mu, ya veo que no puedo más, que ese ritmo me saca de punto. Aguanto hasta el avituallamiento del km 35. Pierdo tiempo, me retraso… y encima no puedo coger nada para beber!! ¡¡Pero coño, qué inútil!! Yo creo que respeto demasiado a los demás, tengo que ser algo más cabrón  en estos temas. Álex me da de lo suyo, y cuando le devuelvo la botella, no le digo nada, pero mentalmente me despido. “Hasta aquí llegamos compañero. Dale tú, que aún bajas de 4 horas”.

Y bueno, misión cumplida hasta donde pude. Hacer compañía, intentar que Álex no pensase negativamente… esperaba  aguantar más, pero sin entrenar, es lo que hay, el cuerpo está totalmente en chasis. Así que, hasta aquí llegamos. Bajo el pistón. No porque quiera. Es que no puedo. Voy a tope. Cuesta trabajo respirar, entre el calor y el agotamiento. Estoy vacío, me adelantan hasta los cubos de basura donde la gente tira las botellas. Voy viendo como Álex se aleja. Veo que el sufrimiento va a ser extremo estos 8 km que quedan. Los peores. Todo prácticamente cuesta arriba…

De repente, una figura sale de entre los coches y se atraviesa en medio de mi camino. Parece que nadie la ve, pero yo sí. Perfectamente. Y sé muy bien quién es y lo que quiere.

  • Hola Agus. Soy tu límite. ¿Cómo estás? ¿Tieso verdad? ¡Cuánto tiempo sin verte, amigo! Casualmente pasaba por aquí y pensé que sería buena idea que tomaras en consideración la idea de retirarte, ya que el tema puede llegar a ser peligr…
  • ¡Quita hostia!

Le agarro del pescuezo, le meto 4 puñetazos y lo lanzo un camión de la basura que había allí aparcado. Hecho un trapo lo dejé. Y así es, niños, como alguien se pasa su límite físico por la “Puerta de Alcalá”.

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– Operario: “Madre mía… cómo lo ha dejado!”

Me mentalizo. Pienso lo que siempre digo llegados a éste punto. ¡Vamos! ¡Solo queda una San Silvestre! Ya no veo a Álex. Me alegro de que él haya podido mantener el ritmo…

Llego a Atocha. Km 37. Miro de reojo y veo la luz de la reserva encendida. Llevo un ritmo de risa, pero estoy consiguiendo mantenerme y no parar. Enfoco nuevamente el Paseo del Prado intentando ponerme a la sombra… y de repente veo a Álex de pie parado al borde la carretera. Estirando una pierna. Calambres. ¡No, joder, no! Y voy yo y cometo el error que acaba de destrozarme la carrera. Al verle, mi reacción fue… parar. A mí ya me daba igual el tiempo, y llegar hoy que mañana, solo quería que él pudiera llegar. Debería haber trotado, pero me paré totalmente. Esperé unos segundos y volvimos a trotar juntos. Volví a cambiar el chip. Miro el reloj, y aún haciendo los km a poco más de 6’, entraríamos en menos de 4 horas. Aunque ya no sea lo primordial, ilusión hace. Nada, hay que echar una mano como sea. Pero si Álex ya había empezado con los calambres, yo no iba a ser menos y por supuesto, iba a unirme a la fiesta. Por haber parado en seco. Premio para el caballero. ¡Qué listu ye! Pasamos Neptuno. Yo no puedo con mi vida. De Neptuno a Cibeles, el tramo que a la salida hicimos andando… pues ha debido haber obras, porque mide mínimo el doble. Qué eficientes. Aún hay resto de cemento… ah no! Son las vomitadas de los que nos preceden!

Enfocamos nuevamente  Recoletos y empiezo a notar los calambres llamando a la puerta de los cuadriceps de mi pierna derecha (vasto interno, que me informé) y aquello cada vez pica más hacia arriba. Miras al fondo y la gente no gira a la derecha. ¿Pero joder, a mí qué mapa me dieron? ¡En el mío se giraba antes! A mitad de esa recta, tengo que parar. Álex me anima y sigue adelante, poco a poco. Me paro por agotamiento. No tengo fuerzas para despegar los pies del suelo. Parece que peso 100 kilos. Km 39. “¡¡¡Vamos Agus, joder. Hay que llegar como sea!!!”

En éste momento, miré al banquillo de suplentes y ví qué opciones tenía. Vamos a ver. Estamos a punto de comenzar la prórroga y los titulares están fundidos. Necesitamos “algo” para conseguir nuestro gran objetivo. A ver, a ver…  Sabía que sólo disponía de “2 jugadores” que pudieran llevarme a la meta. Nada, hay que sacarlos ya, no se puede esperar más. Sigo caminando malamente, miro hacia abajo y les comunico a esos “dos” que les va a tocar salvar los muebles. Ya otras veces fueron vitales. Pero hoy lo van a ser más que nunca.

En cuanto doi la orden de hacer el cambio, vuelvo a intentar trotar. El efecto de los “suplentes” es inmediato. Se nota. E igualmente  inmediatos son los calambres, que vuelven al cuádriceps derecho, levemente, y a los 2 gemelos casi a la vez. Pero los aguanto. Los “suplentes” se encargan de ello. Giramos por fin a la derecha en la calle de Goya. Sigue siendo cuesta arriba. No me lo puedo creer. Sigo medio cojeando ya, porque los calambres ya son en los 2 gemelos y en los 2 cuadriceps, y en la curva anterior al km 40 vuelvo a unirme a Álex, que también va fino de calambres. Damos la curva y… cuesta arriba!!! ¡Señor! ¿¡Por qué me has abandonado!? La próxima vez que venga a Madrid les coloco un bombazo que les dejo esto liso. Palabra.

Pasamos el km 40. Nuevo giro a la derecha… y cuesta arriba. ¡Matádme! ¡No quiero vivir! Solo quiero llorar… los calambres ya solo me dejan ir totalmente cojo. Es una tortura, y encima no hay fuerza ninguna. Como me pare no vuelvo a caminar más, todo se habrá acabado… qué fácil y rápido sería terminar ya con todo…

Km 40,5. Curva hacia Príncipe de Vergara y, al fin… cuesta abajo!!! Gracias Señor!!! Al fin. ¡Bajamos directos al Retiro!  Pero yo hace rato que voy apretando los dientes, literal, y respirando solamente con el objetivo de minimizar los dolores. Parece que bajo haciendo la prueba de Humor Amarillo de cruzar el estanque sin tocar el agua. ¡Qué dolores! Lo del cuádriceps derecho… ¿Es un calambre? ¿Seguro? Madre de Dios, qué dolores.

Nada más cruzar el km 41, tengo que parar. La bajada me está machacando aún más si cabe los músculos. Me quedo agachado, agarrándome sobre todo el cuádriceps derecho intentando minimizar el dolor. Si llego a tener un martillo lo habría usado para ponerlo en su sitio. Ya no puedo ni caminar, tengo sensación como de estar en medio del desierto, sin esperanza de poder llegar vivo a ningún sitio. Salvo porque siento un sonido de fondo… una muchedumbre murmulla “ooooooooooooo…”

Vuelvo a la realidad. Me pongo de nuevo erguido cuando siento como los “suplentes” vuelven a tirar de mí. Comienzo a hacer como que corro, pero sin poder apoyar ni una pierna ni otra. Todo un espectáculo. En ese momento, cuando empiezo a moverme, renqueante, la muchedumbre que antes murmuraba “oooooooooooo…” ahora grita “ooooooooooooléééééé!!!” Aunque muchos no se lo creerán, es totalmente verídico. Qué cabrones. Parece que Madrid me conoce y sabía que no iba a quedarme allí parado a ningún precio, estaban esperando a que reaccionara, como cuando tu equipo de fútbol está barriendo al rival y se celebran los pases. Otra vez, pelos de punta. Les aplaudo en reconocimiento, gastándome mis últimas fuerzas para levantar los brazos, y me devuelven el aplauso. A pesar de estar pasándolo fatal… qué momentazo.

Me “lanzo” a 7′ y pico el km en busca del Retiro, ahora sí que voy apretando con todo. Queda menos de 1 km, hay que acabar ya con esta tortura. Apenas puedo respirar, no puedo apoyarme y la pierna derecha me está abrasando. Pero ya está. El Motopollo va a lograrlo nuevamente!

Última curva en zigzag antes de entrar al Retiro. Veo borroso, el agotamiento ya ha pasado a otro nivel y además boqueo como un pez, apenas puedo coger aire. Veo a Álex que también tuvo que volver a parar. Me uno a él y se me saltan las lágrimas. Mezcla de dolor (más grande que nunca), agotamiento (que te pone sensiblón), de volver a terminar otro maratón y además en un sitio tan emblemático, de hacerlo con Álex después de todo lo que estamos pasando…

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Felicitando a Álex, que también se comportó como un titán

Cuando entramos al Retiro, ya es todo recto (y largo, joder). Entre las ganas de llorar, el esfuerzo y el dolor, no abro ni los ojos. No soy capaz ni de hacer el gesto de escupir. Pero sé que Álex va al lado y con eso me vale. Entre todo el griterío, escucho otra vez a Sonia y Laura, y aunque abrí los ojos, no las ví. Un calambre brutal me hace tambalearme hacia un lado, pero ahora ya no, ahora ya no me tiras ni a cabezazos. Ni en broma. Llegando al arco de meta pego un grito salvaje (“VAMOOOOOOSSSSSSS”) a lo Rafa Nadal. Pura rabia, parte de locura también, parte de agradecimiento a “los suplentes” y parte de decirle al Rock’n’Roll maratón de Madrid que si quiere tumbarme va a tener que esperar a otro año. Justo en ese momento Marta, que se acercó a Madrid también (sí, Asturias invadió la capital!) nos sacó esta foto. No se ven lágrimas porque estaba algo lejos, pero las había.

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Yo no tengo esos brazos… pero iba haciendo fuerza hasta con las orejas.

Y cruzamos la meta!!! Demostrando que tanto Álex como yo TENEMOS UNOS HUEVOS DE GRADO 9 EN LA ESCALA RICHTER!!! 4 horas 4 minutos y 28 segundos. 6 km finales de 5.000 metros cada uno. Siento la necesidad de tirarme al suelo allí mismo, pero se me va a subir todo y me voy a marear, así que me mantengo en pie, volviendo a colocarme los músculos a golpes. Siento ganas de abrazarme al speaker y a cualquiera que pase por allí. Si me ponen una cámara delante yo creo que la firmo, como los tenistas.

Cogemos bebida y la medalla (si no me la dan, mato a alguien) y ya sí que no puedo más. Me tiro en el medio de todo el mundo, y es que todo me da igual. No habría andado lejos de desmayarme. Me viene un masajista a preguntarme si estoy bien. “Pero túmbate a la sombra hombre”, me dice. Qué más da, solo quiero tener los ojos cerrados 2 minutos. Ya estoy todo quemao del sol (encima), qué más me da ya.

Me quito del medio y nos vamos con Sonia y Laura, que nos ven de chiripa. Me vuelvo a tumbar a la sombra. Dios. Qué animal soy. Como se me ocurrirá hacer estas cosas. Nunca mais. No se puede sufrir de esta manera.

Después de un rato me siento y se me sube un gemelo, se me suben los 2 isquios. Los cuádriceps se comportan, pero están esperando su oportunidad… pero ya estoy mejor. Toca sonreír pa la foto!!

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La que más me costó ganar hasta ahora, acompañado de un gran amigo.

Y ahora,  qué? Pues pal hotel caminando al solazo, por supuesto!! Ducha y a comer!! Sitio tremendo (El Buscón de Quevedo), donde comimos como muy pocas veces. Fue bueno haber tenido guía en la gran ciudad…

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Ninguna carrera está completa sin una buena fartura detrás.

Y se acabó. Una vez más se venció. Pero estuvo muy cerca de que no hubiera sido así. Lección aprendida. Lo importante es que la medalla ya está en su sitio con las otras 4… y que hay sitio para muchas más!! Pero no a cualquier precio ni de cualquier forma. Palabra de honor.

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Qué guapas sois!!!

Dar las gracias sobre todo a Sonia. Una vez más aguantando mis historias, junto con Laura caminando de un lado a otro para vernos pasar y ayudarnos, incluso coger el metro para llegar a meta antes que nosotros (os lo pusimos fácil jejeje)… mil gracias a las dos. A Álex, por hacer compañía y por haber aguantado sin inmutarse el coñazo que le solté toda la santa carrera. Y sobre todo, ENHORABUENA!!!  Y otro enorme ENHORABUENA para los dos compis Motopollos, Tote y Torres, que casi a la vez que nosotros completaban el Maratón de La Coruña, con 2 tiempazos que yo no estoy capacitado para lograr… aún. Estamos dejando huella en toda España!!!

Y por supuesto, gracias a Cristian, a Camy y a su hermana, que nos ofreció su casa para ducharnos, aunque luego no hiciera falta, a Marta, a mis padres, al resto de Motopollos…En una carrera así se piensa mucho. Y te acuerdas de ellos muchas veces. Sabes que, unos allí mismo y otros en casa, siguiéndote por la aplicación del móvil o esperando para verte en meta, o esperando simplemente noticias tuyas, todos están pendientes, y si pudieran te darían sus piernas para echarte una mano… eso da mucha fuerza y muchas ganas de llegar como sea!!! Se agradece tener a tanta gente cerca!!!

Y por último ya, como ya comenté antes de la carrera, va dedicada a Lucía, la nena de Luis. La cosa va mejorando, y me alegro mucho!!

Ahora ya, Trail Ruta de los Marineros, con Cristian, éste domingo día 7. Ojo, que es un tándem de lujo, que los caminos del Naranco los desbrozamos nosotros por las noches en nuestros buenos tiempos jajaja. Leña al mono!!!

PD: Si alguien no sabe aún quienes son “los suplentes”… que venga conmigo a un maratón y se lo explico!!!

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Un pensamiento en “Rock’n’Roll Maratón Madrid 2017 – Agus

  1. Buenas máquina!!
    No sé en donde es más privilegio seguirte… si en las carreras o en los momentos de lectura con estas crónicas… pero te aseguro, que en las dos me lo paso genial!!
    Con ganas de que llegue el Trail de los Marineros para correr la carrera y disfrutar como antaño hacíamos!!
    Enhorabuena por el esfuerzo, sólo la gente que lo sufre sabe por lo que se pasa!! Ánimo crack!!

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